Desde hace algunos años, he entendido de manera muy personal la importancia que tiene la confianza en la construcción de cualquier tipo de relación. No importa si hablamos de una relación de pareja, de amistad, de negocios, laboral o de cualquier otro tipo…sin confianza, no se puede construir nada.
La confianza nos permite ver al otro con un sentimiento de certeza y de cercanía que, cuando falta, nos pone en una actitud de cuestionamiento contaste: «¿será cierto lo que dice?», «¿cuales serán sus verdaderas intenciones?», «¿tendré que cuidarme de esta persona?» son alguna de las preguntas que rondan nuestra mente cuando la confianza falta. Es precisamente ese «miedo» al otro lo que nos aleja, nos paraliza, nos convierte en personas frías y calculadoras que, velando por no salir lastimados, construimos muros impenetrables que sirven a modo de barrera y salvaguardan nuestro más puro instinto de sobrevivencia.
Al ver el contexto social en el que vivimos, no puedo sino preguntarme: ¿existe confianza entre nosotros? ¿podemos desde la desconfianza construir el país que queremos? Yo creo que no. Cada vez que una persona es asaltada, su confianza en «su» gente -la gente de éste país- baja. Cada vez que un niño muere en un hospital por falta de medicina, los padres pierden la confianza en el estado (y aclaro que, para mi, el estado somos todos). Cada vez que una autoridad aprovecha su posición para beneficiarse, la confianza de todos en nuestro modelo de gobierno baja. Cada vez que faltamos a nuestros compromisos, el nivel de confianza que nuestro grupo cercano pudiera tener en nosotros, baja. Cada vez que escuchamos de una nueva captura por corrupción, nuestra confianza en las autoridades del país decae.
Es imposible construir relaciones, construir país, sin confianza. Es simplemente una utopía pensar que, dado el nivel de desconfianza que existe entre tantos grupos y personas en este país, podamos construir un modelo pro positivo de nación en donde todos podamos desarrollarnos y alcanzar el anhelado sueño de ser felices.
La gran pregunta entonces no es: ¿como construimos un mejor país?. La pregunta debiera ser: ¿como reconstruimos la confianza entre nosotros? Yo propongo una salida sencilla, lenta, pero que de repente logra el objetivo colectivo de tener un mejor país: hagamos cada uno de nosotros lo que nos corresponde, de la mejor manera posible, con pasión, con compromiso, con esfuerzo y con sacrificio. Cumplamos la parte que a cada uno de nosotros nos corresponde y no estemos viendo que es lo que el otro, u otros, hacen o dejan de hacer. No vamos a construir confianza atacándonos, ni señalándonos ni viendo «la paja en el ojo ajeno» si, día a día, cada uno de nosotros falla en el compromiso personal que le corresponde.
Tratemos de ser puntuales, porque eso genera confianza. Cumplamos con las reglas, eso genera confianza. Si está en una posición de autoridad, haga su trabajo como corresponde, la gente confiará en usted. Honremos nuestros compromisos, eso genera confianza. Hablemos con la verdad, porque eso genera confianza. Actuemos, dejemos de hablar, porque eso genera confianza.
Si esperamos que el otro empiece, y somos reactivos a los que el otro hace para entonces yo hacer lo que me corresponde, viviremos en una sociedad cada vez más confrontada, dividida y desconfiada y por experiencia les digo: sin confianza, es imposible construir nada.