Soy Juan Carlos Eggenberger Hernández, nacido un domingo 25 de febrero de 1973, cuando el mundo aún no sospechaba el torbellino que se le venía encima. Crecí en una casa con mis viejos y dos hermanas que, sin saberlo, me entrenaron para el caos que llegaría después: cuatro hijos, todos mayores de edad, que ya no arman escándalo por la casa, pero me mantienen en jaque con desafíos que no vienen en el manual de paternidad (si es que existe). Tengo una esposa espectacular —segunda vuelta — y una vida que parece un circo, pero ahora con menos ladridos y más dilemas existenciales.
En el ámbito profesional, soy el que pone orden en el desorden en una agencia de estrategia y comunicación, porque alguien tiene que domar las ideas locas. También estoy en la Junta Directiva de una empresa de comunicación digital, presido la Junta Directiva de Fundabiem y lidero el Comité Organizador de Teletón en Guatemala, como si mi agenda no estuviera ya lo suficientemente desquiciada. Antes, en mis días de locura, fui Vicepresidente de la Organización Internacional de Teletones, pero ya guardé esos guantes. Y sí, también me lancé al ruedo político: fui candidato presidencial en 2018 y candidato a la Alcaldía Metropolitana en 2023. Etapas intensas, ya superadas, porque la política, por ahora, no es un ring al que piense volver a subirme —prefiero pelear batallas menos turbulentas, como convencer a mis hijos de que la vida vale la pena.
Soy cinta negra 5to Dan en Kenpo Karate, lo que significa que podría patearle el trasero a cualquiera… si mis rodillas no me lo permiten. Fundé SIEMBRA con unos compas, porque alguien tenía que hacer algo útil en este país, y fui su primer presidente.
Me gusta decir que soy emprendedor social, aunque a veces pienso que soy más bien un malabarista profesional: papá, esposo, política (en el pasado), marketing, estrategia y una dosis de locura para que todo funcione. En resumen, soy un tipo normal… si normal es tener una casa llena de amor, discusiones adultas en lugar de berrinches infantiles y una agenda que parece escrita por un loco. Me apasiona lo que hago, sigo aprendiendo a ser papá de hijos grandes (spoiler: sigo improvisando) y trato de no tomarme demasiado en serio. Si me ven por ahí, probablemente esté persiguiendo una idea loca, una conversación profunda con mis hijos o, con suerte, un momento de paz. Así es mi vida, y no la cambio por nada.