«Niñas con pañales y un país que prefiere memes: ¿hasta cuándo?

Cuando mi hija menor llegó a los 19 en octubre pasado, tiré definitivamente los pañales al carajo y brindé con un café negro por sobrevivir la etapa de los berrinches. Pero mientras yo celebraba, me cayó como balde de agua fría que en 2024 hubo 1,298 niñas de 14 o menos en Guatemala que se convirtieron en mamás, no porque se les antojó, sino porque algún miserable les robó la infancia a punta de violencia. Más de 37,000 embarazos adolescentes en un año, y nosotros aquí, haciendo memes del Congreso o peleando por el precio del güisquil. Esto no es un ‘pues ni modo’, es un desastre que empieza en casa y nos está explotando en la cara como piñata mal amarrada.

El Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva dice que nueve de cada diez de estas niñas menores de 14 ya no vuelven a pisar un aula. O sea, adiós sueños, hola pañalera. Pasa más en Alta Verapaz, Huehuetenango, Quiché, donde la pobreza extrema y el machismo mal digerido son una dupla infernal. En mis días de candidato, vi pueblos donde la justicia es como el Wi-Fi: todos juran que existe, pero intentas conectarte y te quedas viendo la pared. Esto no es solo números, es una cachetada a lo que decimos defender como país.

El 90% de los agresores son de la casa o la esquina: papá, tío, el vecino que te presta sal y de paso te arruina la vida. ¿Y nosotros qué hacemos? Nada, porque solo el 3% de las denuncias llega a sentencia. En algunos lados todavía «arreglan» el asunto casando a la niña con el abusador. Qué romántico, ¿no? Una telenovela barata, pero sin aplausos al final. Si los padres no enseñamos desde chiquitos qué es el respeto, el valor del cuerpo y el precio de cruzar la línea, estamos criando al próximo monstruo de la colonia, y después no nos quejemos.

Soy papá antes que cualquier otra cosa. Mis hijos ya son grandes, pero imaginar a una de estas niñas como si fuera mía me hace apretar los dientes de pura rabia. Llevo años con Teletón viendo cómo los más vulnerables —sobre todo los niños con discapacidad— son los que más sufren estos horrores. Sí, aunque no lo crean, muchos son abusados por los que deberían cuidarlos, amarlos, protegerlos. Y no es solo eso: la trata de personas está creciendo como hongo en pared húmeda, y muchas de estas niñas, especialmente las más frágiles, terminan en esas redes del infierno. En México y en otros países de Latinoamérica ya hay iniciativas ciudadanas que le entran duro a prevenir la trata, y yo me pregunto: ¿Y nosotros qué? ¿Seguimos viendo Netflix mientras el mundo se lleva a nuestras niñas y niños? Nos llenamos la boca hablando de valores, pero a la hora de actuar, el silencio pesa más que la indignación.

Guatemala no va a cambiar porque el Congreso descubra la vergüenza o porque alguien tuitee algo bonito desde un iPhone último modelo. Va a cambiar si nosotros —sí, vos, yo, el vecino que no es un indiferente— dejamos de ser espectadores de lujo. Por eso quiero tirar una idea al ring: una organización, digamos Raíces Fuertes, que saque a estas niñas del hoyo, les dé un futuro y eduque sobre la trata de personas para que dejemos de criar víctimas. Imaginate: un lugar donde las niñas y niños más vulnerables —muchos con discapacidad— encuentren refugio, y las familias aprendan a blindarse contra lo peor de la humanidad. Una casa, una red, una escuela para sanar heridas invisibles y romper cadenas de abuso. Yo pongo la idea, vos ponés las ganas, y entre todos dejamos de contar tragedias para empezar a contar victorias. ¿Te apuntás o seguís en la banca haciendo memes del precio del tomate?» Porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién? Y si no es ahora, ¿cuándo?

El Aumento al Presupuesto: Un Retroceso para los Guatemaltecos Bajo el Disfraz de un Reajuste

Esta semana, el Congreso de la República aprobó una ampliación presupuestaria de 16 mil millones de quetzales, una decisión que ha generado asombro y tristeza en muchos guatemaltecos. Durante la sesión, fuimos testigos de prácticas que, lamentablemente, hemos visto repetirse a lo largo de los años. Como si esto no fuera suficiente, el martes la SAT reveló la existencia de más de 400 empresas fantasma que facturaron más de 6,000 millones de quetzales al Estado de forma, como mínimo, opaca. Este descubrimiento deja en evidencia que las fugas de dinero, las sobrevaloraciones y el corporativismo político están profundamente enraizados en el funcionamiento diario del gobierno.

El gobierno actual asumió el poder con un mandato claro: luchar contra la corrupción. La campaña que lo llevó al poder se centró en la promesa de acabar con un mal que, según ellos, cuesta al país entre el 30% y el 40% de sus recursos. Si partimos de esa hipótesis, la lucha contra la corrupción no es solo una opción; es el camino necesario para construir un gobierno más eficiente, un presupuesto más ajustado y enfocado, y, sobre todo, el camino para brindar tranquilidad a las próximas generaciones.

Corrupción: Más Allá del Robo Directo

Cuando hablamos de corrupción, la mayoría de las personas piensa en robos, sobrevaloraciones de productos y servicios, y otros actos delictivos que desvían recursos del Estado hacia manos privadas. Sin embargo, la corrupción va más allá de estos actos obvios. En mi opinión, también incluye el gasto ineficiente que se da en programas, oficinas, estructuras y burocracia que no sirven para nada más que elevar el presupuesto de gasto de un gobierno. Este tipo de corrupción, aunque menos visible, es igualmente dañina para el país.

Por ejemplo, mantener oficinas que no cumplen una función clara, financiar programas que no tienen un impacto real en la población, o sostener una estructura burocrática inflada que solo sirve para justificar mayores presupuestos, son formas de corrupción. No se trata solo de cuánto dinero se desvía, sino de cómo se gasta el presupuesto disponible. Cada quetzal que se malgasta en estas prácticas es un quetzal que podría haberse utilizado para mejorar la educación, la salud, la infraestructura o cualquier otra área vital para el desarrollo del país.

El reciente caso presentado por SAT muestra que la corrupción sigue siendo un problema sistémico en Guatemala. Pero también abre la puerta a la posibilidad de que la hipótesis del partido de gobierno sea correcta: si realmente se centra en combatir la corrupción, podríamos tener un gobierno más eficiente y un presupuesto más ajustado y enfocado en las verdaderas necesidades del país.

Imaginemos que una familia descubre que su dinero se está escapando a través de pequeños agujeros en su presupuesto, ya sea por gastos innecesarios o por robos internos. La primera acción lógica sería cerrar esos agujeros para evitar más pérdidas, antes de buscar ingresos adicionales. Esto es exactamente lo que el gobierno debería hacer. Antes de pedir un aumento de presupuesto, debería enfocarse en identificar y cerrar las fugas de corrupción, eliminando el gasto ineficiente y garantizando que cada quetzal se utilice de manera responsable.

En lugar de seguir este camino lógico, el gobierno ha optado por la salida fácil: pedir más dinero. Este aumento presupuestario no se sostiene, especialmente considerando que el gobierno ya cuenta con el presupuesto más grande en la historia del país. En lugar de buscar más recursos, debería enfocarse en hacer más con lo que ya tiene, eliminando la corrupción en todas sus formas.

Es importante recordar que el gobierno no genera recursos por sí mismo; utiliza los impuestos que paga la gente, los ciudadanos. Esto significa que serán entonces los ciudadanos, quienes terminarán pagando por esta ampliación presupuestaria. Este tipo de decisiones no son solo un tema de ideologías políticas, sino de sentido común. El gobierno debería esforzarse por maximizar la eficiencia de cada quetzal antes de pedir más.

La reciente aprobación del aumento presupuestario es un retroceso que debemos lamentar, pero también es una llamada de atención. Como ciudadanos, es nuestro deber exigir que el gobierno cumpla con su promesa de luchar contra la corrupción, no solo en sus formas más evidentes, sino también en la manera en que administra los recursos públicos. Sindicatos politizados, oficinas y programas inexistentes o sin impacto real, ministerios que no funcionan, y todo gasto prescindible debe ser eliminado.

No podemos permitir que el gasto ineficiente y la corrupción continúen drenando los recursos del país. Es hora de que el gobierno asuma la responsabilidad de hacer más con menos, garantizando que cada quetzal se utilice de manera eficiente y en beneficio de todos los guatemaltecos. Solo así podremos asegurar un futuro más próspero y justo para las próximas generaciones.

Los dos bandos nos están destruyendo

Ver la enorme desconexión que hay entre la realidad que viven muchos políticos y las demandas ciudadanas, es triste y preocupante. Triste porque vivimos en un país con gran riqueza. Riqueza natural, riqueza cultural, riqueza histórica y riqueza humana. Riqueza que se concentra en un porcentaje aún pequeño de la población y no llega hasta donde debe llegar para cubrir las necesidades mínimas de una gran mayoría y eso, desde donde se vea, debe generarnos pena y tristeza, pero además preocupación.

Preocupación porque esa terrible desconexión entre dos realidades diametralmente opuestas, puede dar paso a grandes problemas sociales, de consecuencias inimaginables, e igualmente dañinas para todos. Los unos – los políticos- deben generar respuestas contundentes en el corto plazo para que los otros – los ciudadanos – tengan mejor calidad de vida y éste país alcance todo el potencial del que es capaz.

Mientras tanto, ¿que hacemos nosotros los ciudadanos? La respuesta es sencilla, pero al mismo tiempo terriblemente compleja de implementar: organizarnos e involucrarnos. Entender que no somos ajenos a la “sucia política” y ocuparnos en conocer más, entender mejor, proponer y actuar.

¡Guatemala está esperando que sus hijos se levanten en favor de los menos afortunados! De todos aquellos que han sido marginados por un sistema político que empobrece, denigra y excluye.
Hoy vemos dos bandos, los que corrompen y los que quieren llegar a corromper, pelear sin tregua por el poder político, olvidándose que el poder es uno, y debe recaer en el pueblo.

Es nuestra responsabilidad hacerle ver a ambos bandos – «derecha» e «izquierda» – que no tienen un cheque en blanco y que nosotros, los ciudadanos, estamos cada vez más atentos a sus acciones y listos para señalar y actuar. Todos nosotros, juntos, debemos recuperar ese poder para volcarlo en favor de la gente y transmitirle a los mismos de siempre, aquellos que hoy son y han sido durante años los que lo ejercen, que los guatemaltecos de bien, de trabajo y de corazón grande, estamos listos para darles batalla y recuperar el rumbo de nuestro país.

¡Llegó el momento! Después de largos años de constantes desengaños, es el momento de la organización y de encontrar una expresión política que responda a los guatemaltecos, sin privilegios ni compromisos. Este país es de todos los que en él vivimos, de aquellos que nacieron en esta tierra y de aquellos que la han hecho propia, y es nuestra co-responsabilidad construir patria, involucrándonos y participando, o lamentarnos luego por haberlo dejado en manos de aquellos que nos roban la esperanza. Hoy el país, más que nunca, nos llama a actuar juntos y, desde las entrañas de nuestra historia, construir un país para todos.

¡En nuestras manos está! ¡Que todos se levanten, que nadie se quede atrás!


Votemos por Guatemala

Hace ya algunas semanas que he venido evaluando la posibilidad de escribir estas líneas. Desde mi retiro de la candidatura presidencial, voluntario por cierto, he intentado mantenerme al margen de la coyuntura política. Lo he hecho por mi familia, por mi equipo, pero sobre todo, porque creo que debo ser responsable con la decisión tomada y darle el espacio al candidato que me reemplazó para que presente sus propuestas sin el ruido que mis palabras pudieran generar. Como algunos de ustedes saben, la decisión personal de retirarme de la agrupación política que me postuló no fue fácil, pero fue la correcta y después de mi breve paso por esas turbias aguas del que hacer político, hoy entiendo muchas cosas que eventualmente compartiré.

Sin embargo, en todas y cada una de las reuniones de trabajo, sociales o familiares a las que asisto, siempre surgen las preguntas: ¿por quien vas a votar? ¿estás apoyando a algún candidato?. Entonces, en estas líneas trataré de resumir mi pensamiento y darle respuesta a ambas interrogantes. Empezaré por la más sencilla: No, no estoy apoyando política, ni personalmente a ningún candidato o proyecto específico. Varios de los candidatos me buscaron para que me sumara a sus equipos estratégicos o consejos políticos pero me encuentro retomando las riendas de mis proyectos personales, dedicándole mucho tiempo a mis hijos y enfocando mis energías en servir a las personas con discapacidad, que es el espacio social en el que me he desarrollado y del que nunca seré ajeno. Por tal razón, no estoy apoyando a ningún candidato.

Esto no quiere decir que no vea y analice mis opciones. Creo que las hay. Creo que dentro de la oferta política hay buenas personas, personas con buenas intenciones que están compitiendo en desventaja dentro de un sistema que literalmente ahoga a todos aquellos que pretenden actuar fuera de los patrones de lo que hoy mal llamamos en Guatemala, «política». Creo que hay gente preparada, gente visionaria, gente buena y gente capaz dentro de la gran mayoría de equipos presidenciales pero creo que más allá de dichos equipos presidenciales y los candidatos, somos nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, los que realmente debemos prepararnos para actuar. Es porque creo en la fuerza de la gente que mi invitación a que «votemos por Guatemala» va mucho más allá de las próximas elecciones.

El ejercicio de «votar» implica elegir. Elegir dentro de las opciones que tengo a mi disposición. A finales del 2018, en visitas que hice al interior del país para conocer la estructura de la agrupación política con la que participé, mantuve siempre una postura: «No importa quien venga a gobernar, somos todos nosotros los guatemaltecos los que tenemos la posibilidad de sacar adelante a nuestro país». Claro que hay dificultades, claro que hay injusticias, claro que hay barreras, claro que hay estructuras e intereses mezquinos…¡claro que los hay!. Pero descansa en cada uno de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón y de nuestra fe, el seguir creyendo que podemos cambiar, que podemos ser mejores y que debemos intentarlo con todas nuestras fuerzas. No sólo por nosotros, sino por nuestros hijos y nietos. Debemos intentar dejar el país que se merece la gente buena, honesta, trabajadora y solidaria que hay en Guatemala y que sin duda alguna, son mayoría.

Entonces, mi invitación es para usted, directamente para usted: ¡Votemos por Guatemala! ¡Elijamos a Guatemala! Votemos por Guatemala intentando hacer lo correcto, votemos por Guatemala siendo un poco más hermanos, juzguemos menos, seamos más tolerantes con nuestras diferencias, aplaudamos al que hace bien las cosas. Que lo negativo, la burla, el insulto y la descalificación no sean más valorados que lo positivo, las palabras de aliento y la construcción conjunta de un país en donde quepamos todos. Nuestros dirigentes deben sentir la fuerza del cambio. Darse cuenta que ni un día más seguiremos respaldando el mensaje de división y confrontación que enriquece a algunos. ¡Queremos vivir en paz! Queremos vivir en un país en donde haya menos injusticias, donde haya menos hambre, en donde haya más oportunidades y es importante entender que ese cambio empieza en cada uno de nosotros.

Como dijo alguna vez el Presidente John F. Kennedy: «No te preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tu por tu país». ¿Arreglará eso los grandes problemas que hoy enfrentamos? No, seguramente no lo hará. Pero nos pondrá en una posición mucho más propensa a generar esos cambios con los que todos soñamos. Dividirnos, insultarnos, confrontarnos no nos funcionó, no nos funciona y no nos funcionará. Es a partir del entendimiento de que las diferencias no son malas, sino más bien son oportunidades de crecimiento ilimitado, desde donde podremos realmente conciliarnos y desarrollarnos como sociedad. Porque las autoridades que elegimos no son más que el fiel reflejo de nuestra sociedad. ¿Queremos mejores autoridades? Construyamos juntos una mejor sociedad, entonces tendremos mejores autoridades. Hoy lo invito: ¡Votemos por Guatemala! ¡Elijamos a Guatemala!

En cuanto a la pregunta sin respuesta – «¿por quien vas a votar?» – decidiré en las próximas semanas y con toda seguridad lo haré por aquel candidato que, lejos de confrontar y dividir, presente una postura de mesura y respeto por las diferencias. Por el momento, esa respuesta queda pendiente…

 

WEB-HAPPY

Dar lo mejor

Como si nada, estamos cerrando el primer mes del año y como siempre, el tiempo camina indiferente a nuestras preferencias. Muchos de nosotros seguramente quisiéramos tener más tiempo para cumplir nuestras metas pero la realidad es la que hay y tenemos que trabajar con el tiempo que la vida nos regala.

En el contexto de nuestra sociedad, el tiempo avanza cada día más rápido y en el horizonte se deslumbra un proceso electoral que nos permitirá elegir a las autoridades que nos gobernarán a partir del 2016 por cuatro años. Siento como que hubiese sido ayer cuando escuchaba en radios y veía en televisión los spots promocionales del actual partido de gobierno y sin embargo, estamos ya a menos de un año de que termine el período para el que fueron electos. Ahora, esperemos que a partir de mayo cuando se abra oficial y legalmente la contienda electoral, se nos vendrá encima nuevamente un chaparrón de ofertas y de promesas que nos pintarán un futuro mejor para todos. Habrá ofertas de todo tipo: de seguridad, de salud, de programas sociales, de libre empresa, de populismo de hueso colorado, de cambio, de transformación, de educación, etc. Escoja usted la promesa que más le guste y agréguela al listado porque seguramente esa también la escucharemos. No me mal entienda, es bueno que haya oferta electoral y es bueno que cada uno de nosotros pueda, libre y democráticamente, elegir a la persona que nos genere mayor nivel de confianza para liderar los destinos del país. Tenemos la obligación y el deber cívico de dar nuestro voto.

Pero hoy quiero invitarlo a pensar en algo que es, a mi entender, un poco más importante que éstos procesos electorales de cada 4 años. Cada 4 años tenemos el deber cívico de dar nuestro voto pero todos los días tenemos el deber moral de dar algo más…dar lo mejor! Dar lo mejor de cada uno de nosotros en cada una de las áreas en donde nos desarrollamos y movemos. Porque déjeme contarle algo: no habrá un solo candidato dentro del «pequeño» listado que veremos en los próximos meses que pueda transformar nada en éste país sin la participación decidida y categórica de la mayoría de personas que conformamos ésta sociedad. Como decía Reagan: «El futuro del país no depende de lo que pasa en la Casa Blanca (Casa Presidencial en nuestro caso) sino de lo que pasa en SU casa». Porque de la casa de cada uno de nosotros es de dónde salimos todos a relacionarnos y desarrollarnos en ésta sociedad. Por lo mismo, es nuestro deber intentar dar lo mejor y ser la mejor versión de lo que cada uno de nosotros puede llegar a ser. No basta con culpar a nuestras autoridades porque las cosas no funcionan cuando somos nosotros partícipes de ese sistema colapsado del que tanto nos quejamos. ¿Como podemos criticar la corrupción cuando la salida fácil a una remisión es ofrecer una mordida? ¿Como podemos criticar el trabajo de la Muni cuando tiramos la basura en la calle sin dudarlo? ¿Como hablamos mal de los «Padres de la Patria» y los criticamos por no llegar a trabajar o hacerlo tarde cuando muchas veces, hacemos nosotros lo mismo? Somos rápidos para ver por la ventana pero lentos para hacerlo al espejo.

La sociedad es un subproducto de las comunidades, las comunidades un subproducto de las familias y las familias un subproducto de las personas que las componen. ¿Ve la importancia de que cada uno de nosotros, desde la responsabilidad personal nos decidamos a dar lo mejor? Somos parte de un todo y no estamos aislados de los demás. Al dar lo mejor, cada uno de nosotros está contribuyendo de forma directa a la construcción de la sociedad con la que todos soñamos. Dejemos a los políticos de lado, dejemos la crítica destructiva de lado, dejemos el conformismo de lado y decidamos cada uno de nosotros dar lo mejor que tenemos. ¡Dar lo mejor de cada uno de nosotros, todos los días! Porque déjeme decirle algo: cuando la cosa se pone difícil, cuando el camino se torna oscuro y las fuerzas se acaban, no queda otro camino que dar lo mejor e intentar salir adelante.

Una vez más, con el mayor sentido de admiración por el corazón tan grande de nuestra gente, les comparto la historia de una mamá que enfrentada a enormes desafíos, muchos de ellos capaces de doblar a la gran mayoría de personas que conozco, decide dar lo mejor todos los días. Dar lo mejor por amor y por responsabilidad personal. ¿Quien se apunta e iniciamos una nueva corriente, una nueva moda, en éste país? La moda de DAR LO MEJOR todos los días. ¡Feliz semana para todos!

El sueño guatemalteco

Así como escuchamos constantemente del «sueño americano», que se dice de esas historias de éxito de personas que con mucho esfuerzo y trabajo han logrado cambiar radicalmente la situación económica, social y educativa de sus familias en los Estados Unidos, me da la impresión que todos los días escuchamos y vemos más ejemplos de lo que, tristemente, muchas personas entienden hoy en día como el «sueño guatemalteco». Lejos han quedado aquellos tiempos en donde se conocía y se admiraba el trabajo y la trayectoria de las personas que con esfuerzo y sacrificio lograban mejorar la calidad de vida de sus seres queridos. En Guatemala hay miles de ejemplos perdidos de personas que, no teniendo nada, se convirtieron gracias a su trabajo honesto y dedicación, en referentes sociales y empresariales.

Hoy, la mayoría de nosotros vemos y escuchamos ejemplos de personas que, sin la trayectoria ni el carácter necesario, viven con lujos y excesos fuera de toda realidad y creemos entonces que la vida premia con dinero fácil a todo aquel que es lo suficientemente «chispudo» para conseguirlo. No importa si eso implica robar, vender productos ilegales, defraudar al fisco y/o estafar a otro no tan «chispudo» como yo, lo importante es el resultado y no el camino. Por otro lado, cada día con mayor frecuencia, vemos ejemplos de políticos que no teniendo nada al inicio de sus carreras políticas hoy son acaudalados terratenientes y millonarios de papel y creemos entonces que ese es el «sueño guatemalteco». Lo único que necesito es ser lo suficientemente «chispudo» como para abrirme el camino que me permita llegar a ser como uno de ellos.

No quiero generalizar porque entiendo que la política no hace al hombre sino el hombre a la política y considero que hay buenos hombres y mujeres ejerciendo esa importante profesión. Sin embargo, un poco porque muchos de nuestros «líderes» carecen del carácter y sustento moral como para admirarlos y un poco porque los medios de comunicación, dentro de su rol fiscalizador y comercial deben publicar aquellas noticias que generen más ruido, se nos ha olvidado que en el país todavía existen grandes ejemplos de lucha a los que podemos voltear a ver para encontrar el verdadero sentido del «sueño guatemalteco». Ciudadanos que constituyen la reserva moral de éste país. Grandes hombres y mujeres que, lejos de regalos y bolsitas, lo que desean es ser reconocidos como seres humanos y tener las oportunidades para, con el mismo esfuerzo y sacrificio con el que hoy enfrentan sus vidas, trabajar y producir para cambiar la realidad económica, social y educativa de sus familias.

Como sociedad, todos somos responsables de construir el ideario social que rige nuestras relaciones y hoy, luego de varios años de vida en democracia, el ideario social bajo el que vivimos premia el egoísmo, la desunión, el fraude, la trampa y muchas otras «cualidades» que nos convierten en lo que hoy somos como país. Debemos, urgentemente, voltear a ver a aquellos guatemaltecos verdaderamente extraordinarios que, con su esfuerzo de todos los días, nos pueden recordar lo que es ser un buen guatemalteco. Gente honrada y valiente que, a pesar de las desigualdades y errores del sistema, luchan día a día por salir adelante y dejarle una mejor calidad de vida a sus seres queridos. Es una pena que muchas veces es necesario que un guatemalteco tenga que salir del país, poner en práctica los valores de esfuerzo que aprendió en ésta tierra, crecer y desarrollarse en otro lugar con mejores oportunidades, ser «exitoso» y reconocido fuera para que entonces le pongamos atención.

Debemos aprender a ver a nuestra gente, a esos guatemaltecos que a pesar de vivir en situaciones de precariedad y de desigualdad, nos muestran el camino del verdadero «sueño guatemalteco». Un camino de bien, de esfuerzo, de dar, de lucha, de constancia y perseverancia, de honestidad, de amor por nuestro prójimo y por nuestro entorno, de agradecimiento y de superación.

Como ejemplo, les comparto la vida de una mamá que construye el futuro de los suyos con acciones de todos los días. ¡Que viva la gente buena de mi país! ¡Que viva el verdadero sueño de los guatemaltecos!

 

Nuevos comienzos

Por inquietudes personales y el momento de mi vida en el que me encuentro, que ha requerido de largos momentos de reflexión y análisis, voy a comenzar publicando esta nota para luego dar paso a la publicación de varios artículos que tengo escritos y que por distintas razones nunca vieron la luz pública de este espacio.

Hoy quiero aprovechar ese ambiente de reflexión, mezclado con ánimo de mejora y de cambio, que siempre acompaña los primeros días de enero para plantear algunas ideas que, espero, puedan ayudar a más de alguno a tener un año 2015 lleno de crecimiento personal, de paz y de metas cumplidas. Creo que todos los seres humanos anhelamos vivir mejor, ser felices y llevar una vida en paz y para eso, la vida nos regala una hoja en blanco cada 365 días para que escribamos una nueva historia…nos regala, nuevos comienzos.

Quizás alguno ha terminado el año enfermo y triste, quizás alguno lo ha terminado económicamente quebrado, más de alguno ha visto como una relación valiosa se ha ido deteriorando o la ha perdido por completo. Quizás hay otros que se sienten como en un callejón sin salida, sin esperanza y sin aliento para seguir. Muchos otros, una gran mayoría me parece por lo que he escuchado en la calle, están preocupados porque «este 2015 sí va a estar bien duro» con todo el tema político y campaña electoral a la vuelta de la esquina. Por el contrario, quizás es usted uno de los afortunados que terminó el año feliz, contento, sano, pletórico, con estabilidad financiera, rodeado de amigos y familia. Lo que quiero compartir hoy es para todos los antes mencionados, sin importar su situación actual. Porque hoy, sin distinción alguna, la vida nos está regalando nuevos comienzos. Nuevos comienzos para soñar de nuevo, para amar a mi prójimo, para perdonar, para mejorar – porque no importa si en este momento de la vida todo le está funcionando como usted desea, siempre hay un espacio para mejorar – para ser la mejor versión de lo que puedo ser, para dar, para amar, para trabajar, para vivir, para luchar, para dar nuestro mejor esfuerzo y sobre todo, nuevos comienzos para convertirme en el responsable único del resultado y frutos de mi vida. Porque le tengo una excelente noticia: es usted, nadie más, el responsable de su vida y de su felicidad. Muy a pesar de lo que nos dicen, la responsabilidad no es del Gobierno, del jefe, de su esposa o esposo, de sus amigos, tampoco es responsabilidad de sus padres y ni siquiera de su líder espiritual. La responsabilidad de lo que se vaya a escribir en esa hoja en blanco que cada uno de nosotros está recibiendo es, por fortuna, de cada uno de nosotros. ¡Eso es una gran noticia! Porque podemos dejar por un lado el victimismo que aprisiona, el rencor que seca o la desesperanza que apaga el corazón y elegir vivir la vida -con sus problemas y todo- de manera plena y con toda intensidad. Dicen por allí que el resultado no es más que la suma de acciones que tomamos y eso nos reta entonces a ver nuestros resultados desde la perspectiva de nuestras acciones. Es allí, en nuestras acciones del día a día, en donde radica el éxito de nuestros resultados y la felicidad con la que elegimos «caminar el trayecto» que nos llevará de hoy al próximo 31 de diciembre.

En este año que se viene, con todos los desafíos que tenemos como sociedad, los invito a que dejemos de ser espectadores y nos convirtamos en actores principales en el ejercicio de nuestros derechos y responsabilidades como seres humanos. Los invito a que sembremos acciones de bien, palabras de bien, esfuerzo y sacrificio, responsabilidad personal y coherencia entre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones para que, a finales del 2015, cada uno pueda hacer una evaluación de los 12 meses vividos y con alegría y orgullo pueda decir que las letras que escribió en esa hoja limpia, fueron las mejores de su vida. No desaprovechemos ese gran regalo de un «nuevo comienzo» que nos regala hoy la vida y atrevámonos a ser la mejor versión de lo que cada uno de nosotros puede ser.

¡Feliz 2015, lleno de paz, de abundancia y de luz para cada uno de ustedes!