Así como escuchamos constantemente del «sueño americano», que se dice de esas historias de éxito de personas que con mucho esfuerzo y trabajo han logrado cambiar radicalmente la situación económica, social y educativa de sus familias en los Estados Unidos, me da la impresión que todos los días escuchamos y vemos más ejemplos de lo que, tristemente, muchas personas entienden hoy en día como el «sueño guatemalteco». Lejos han quedado aquellos tiempos en donde se conocía y se admiraba el trabajo y la trayectoria de las personas que con esfuerzo y sacrificio lograban mejorar la calidad de vida de sus seres queridos. En Guatemala hay miles de ejemplos perdidos de personas que, no teniendo nada, se convirtieron gracias a su trabajo honesto y dedicación, en referentes sociales y empresariales.
Hoy, la mayoría de nosotros vemos y escuchamos ejemplos de personas que, sin la trayectoria ni el carácter necesario, viven con lujos y excesos fuera de toda realidad y creemos entonces que la vida premia con dinero fácil a todo aquel que es lo suficientemente «chispudo» para conseguirlo. No importa si eso implica robar, vender productos ilegales, defraudar al fisco y/o estafar a otro no tan «chispudo» como yo, lo importante es el resultado y no el camino. Por otro lado, cada día con mayor frecuencia, vemos ejemplos de políticos que no teniendo nada al inicio de sus carreras políticas hoy son acaudalados terratenientes y millonarios de papel y creemos entonces que ese es el «sueño guatemalteco». Lo único que necesito es ser lo suficientemente «chispudo» como para abrirme el camino que me permita llegar a ser como uno de ellos.
No quiero generalizar porque entiendo que la política no hace al hombre sino el hombre a la política y considero que hay buenos hombres y mujeres ejerciendo esa importante profesión. Sin embargo, un poco porque muchos de nuestros «líderes» carecen del carácter y sustento moral como para admirarlos y un poco porque los medios de comunicación, dentro de su rol fiscalizador y comercial deben publicar aquellas noticias que generen más ruido, se nos ha olvidado que en el país todavía existen grandes ejemplos de lucha a los que podemos voltear a ver para encontrar el verdadero sentido del «sueño guatemalteco». Ciudadanos que constituyen la reserva moral de éste país. Grandes hombres y mujeres que, lejos de regalos y bolsitas, lo que desean es ser reconocidos como seres humanos y tener las oportunidades para, con el mismo esfuerzo y sacrificio con el que hoy enfrentan sus vidas, trabajar y producir para cambiar la realidad económica, social y educativa de sus familias.
Como sociedad, todos somos responsables de construir el ideario social que rige nuestras relaciones y hoy, luego de varios años de vida en democracia, el ideario social bajo el que vivimos premia el egoísmo, la desunión, el fraude, la trampa y muchas otras «cualidades» que nos convierten en lo que hoy somos como país. Debemos, urgentemente, voltear a ver a aquellos guatemaltecos verdaderamente extraordinarios que, con su esfuerzo de todos los días, nos pueden recordar lo que es ser un buen guatemalteco. Gente honrada y valiente que, a pesar de las desigualdades y errores del sistema, luchan día a día por salir adelante y dejarle una mejor calidad de vida a sus seres queridos. Es una pena que muchas veces es necesario que un guatemalteco tenga que salir del país, poner en práctica los valores de esfuerzo que aprendió en ésta tierra, crecer y desarrollarse en otro lugar con mejores oportunidades, ser «exitoso» y reconocido fuera para que entonces le pongamos atención.
Debemos aprender a ver a nuestra gente, a esos guatemaltecos que a pesar de vivir en situaciones de precariedad y de desigualdad, nos muestran el camino del verdadero «sueño guatemalteco». Un camino de bien, de esfuerzo, de dar, de lucha, de constancia y perseverancia, de honestidad, de amor por nuestro prójimo y por nuestro entorno, de agradecimiento y de superación.
Como ejemplo, les comparto la vida de una mamá que construye el futuro de los suyos con acciones de todos los días. ¡Que viva la gente buena de mi país! ¡Que viva el verdadero sueño de los guatemaltecos!
