Por qué las tácticas de marketing fallan sin una estrategia clara: Aprendizajes desde Guatemala

En un mercado tan dinámico y competitivo como el de Guatemala, he visto a innumerables empresas caer en la misma trampa: invertir tiempo, dinero y esfuerzo en tácticas de marketing sin una estrategia clara que las guíe. Como experto en estrategia con años de experiencia en comunicación, puedo decir con certeza que las tácticas sin un plan definido son como disparar flechas en medio de la noche más oscura: puedes tener suerte y acertar, pero lo más probable es que falles estrepitosamente.

El error común: Confundir tácticas con estrategia

En Guatemala, muchas empresas, desde startups hasta corporaciones establecidas, se apresuran a lanzar campañas en redes sociales, diseñar anuncios o producir eventos masivos sin detenerse a responder una pregunta fundamental: ¿qué problema estamos resolviendo y cómo llegaremos a la solución? Publicar un post en Instagram, enviar un correo masivo o contratar influencers son tácticas, no estrategias. Sin un mapa claro que defina el destino, estas acciones se convierten en esfuerzos aislados que rara vez generan el impacto esperado.

Un ejemplo claro que he observado en el mercado guatemalteco es el de una empresa de consumo masivo que invirtió una suma considerable en una campaña de redes sociales para aumentar sus ventas. Contrataron influencers, diseñaron gráficos atractivos y saturaron las plataformas con contenido. ¿El resultado? Un aumento temporal en el alcance, pero ninguna mejora significativa en las ventas. ¿Por qué? Porque no entendieron a su audiencia ni definieron un mensaje que conectara con sus necesidades reales. Les faltó estrategia.

La estrategia como brújula: Lecciones desde Guatemala

Una estrategia clara es la brújula que guía cada decisión de comunicación. En mi trayectoria trabajando con empresas y proyectos de alto impacto en Guatemala, como Teletón, he aprendido que el éxito no está en la cantidad de tácticas que implementas, sino en la claridad con la que defines tu objetivo y el camino para alcanzarlo. Una estrategia efectiva responde a tres preguntas clave:

  1. ¿Cuál es el problema? ¿Es una crisis de reputación, falta de visibilidad, o la necesidad de posicionarte en una esfera pública? Sin un diagnóstico preciso, cualquier táctica será un disparo al aire.
  2. ¿A quién queremos llegar? En un país tan diverso como Guatemala, entender a tu audiencia —sus valores, preocupaciones y comportamientos— es fundamental. Una táctica que funciona para un público urbano joven puede ser irrelevante para una comunidad rural.
  3. ¿Cómo mediremos el éxito? Sin indicadores claros, no sabrás si tus esfuerzos están funcionando. ¿Buscas más ventas, mejor percepción de marca, o influencia en una esfera política? Define tus métricas desde el inicio.

Un caso de éxito: El poder de la estrategia

Recuerdo un proyecto en el que trabajamos con una empresa guatemalteca que enfrentaba una crisis de reputación tras un malentendido público. Su primer instinto fue inundar las redes sociales con mensajes positivos, pero les aconsejamos dar un paso atrás. En lugar de tácticas reactivas, definimos una estrategia: primero, identificamos el núcleo del problema (una narrativa negativa en medios); luego, conectamos a la empresa con periodistas clave para cambiar la conversación; finalmente, diseñamos un mensaje auténtico que resonara con su audiencia. El resultado fue un cambio de percepción en menos de 30 días, algo que ninguna campaña masiva en redes sociales habría logrado sin un plan claro.

La lección para Guatemala y más allá

En un mercado como el guatemalteco, donde los recursos suelen ser limitados y la competencia es feroz, no puedes permitirte desperdiciar esfuerzos en tácticas sin dirección. La estrategia no es un lujo; es una necesidad. Es la diferencia entre una empresa que sobrevive y una que lidera. En ACTIVAR, hemos hecho de la estrategia nuestro núcleo: definimos el camino, conectamos con las audiencias correctas y abrimos puertas que transforman realidades.

Si sientes que tus tácticas de marketing no están dando resultados, detente y reflexiona: ¿tienes una estrategia clara? Si la respuesta es no, es hora de construir una.

¿Listo para dar el siguiente paso?

#EstrategiaQueFunciona #ComunicaciónQueConecta #ACTIVARGuatemala

“Manipulación de resoluciones: Una Amenaza Directa a la Seguridad Jurídica y a la Inversión en Guatemala”

En el marco de un Estado de Derecho, la importancia de las resoluciones en firme no puede ser subestimada. Estas resoluciones representan la culminación de un proceso administrativo que, idealmente, ha sido llevado a cabo conforme a la ley, garantizando los derechos de todas las partes involucradas. Sin embargo, cuando estas resoluciones son cuestionadas o anuladas a través de procedimientos anómalos, como la enmienda de procedimiento, se pone en entredicho no solo la integridad del sistema jurídico, sino también la certeza jurídica que es fundamental para cualquier sociedad que aspire a la estabilidad y al desarrollo.

El caso presentado por el Arquitecto Diego López en su reciente conferencia de prensa es un claro ejemplo de cómo la manipulación de los procesos administrativos puede socavar la confianza en las instituciones. López, ex Director de Gestión Ambiental y Recursos Naturales en el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), denunció públicamente las irregularidades que, según él, se están cometiendo en la actual administración. Estas irregularidades incluyen la revocación de resoluciones previamente firmes, utilizando mecanismos que, en esencia, contradicen los principios básicos de legalidad y justicia.

Las resoluciones en firme, una vez emitidas, generan derechos adquiridos para los involucrados. Estos derechos no pueden ser revocados arbitrariamente sin una base legal sólida, y cualquier modificación de una resolución en firme solo puede realizarse mediante la vía legal, es decir, a través de una resolución judicial luego de un proceso o juicio. Actuar de otra manera envía un mensaje profundamente negativo a los inversionistas, tanto nacionales como internacionales. En un entorno donde las reglas del juego pueden cambiar sin previo aviso, la previsibilidad, que es un pilar esencial para la inversión, se ve seriamente comprometida. La incertidumbre jurídica resultante disuade a los inversionistas, quienes necesitan la seguridad de que sus inversiones estarán protegidas por un marco legal estable y predecible.

El caso del proyecto Minero Cerro Blanco, mencionado por López, ilustra claramente este punto. A pesar de que el expediente del proyecto había sido revisado y evaluado durante más de dos años, siguiendo todos los procedimientos administrativos establecidos, se ha intentado revocar su aprobación mediante un proceso cuestionable. Este tipo de acciones, que parecen estar motivadas más por intereses políticos o ideológicos que por una verdadera preocupación por el bienestar del país, socavan la confianza en el sistema y crean un ambiente de incertidumbre que es perjudicial para el desarrollo económico.

Además, cuando un gobierno que se autoproclama anti corrupción actúa de manera corrupta para imponer su agenda, se está enviando un mensaje contradictorio y profundamente destructivo. La corrupción no es solo el acto de aceptar sobornos o malversar fondos; también se manifiesta cuando se manipulan los procesos legales para favorecer a ciertos intereses a expensas de la justicia y la equidad. En este sentido, el actuar del actual gobierno, tal como lo describe López, es un ejemplo de cómo la corrupción puede infiltrarse en las decisiones administrativas, erosionando la confianza pública y debilitando las instituciones.

El hecho de que un gobierno intente anular o modificar resoluciones en firme, utilizando procedimientos fuera de tiempo o al margen de la ley, es un ataque directo a la seguridad jurídica. Este tipo de acciones no solo afecta a los proyectos específicos involucrados, sino que también establece un peligroso precedente que podría ser utilizado en el futuro para socavar cualquier resolución que no se ajuste a la agenda del gobierno de turno. Este riesgo es inaceptable en un Estado de Derecho, donde la ley debe ser aplicada de manera uniforme y justa para todos.

Los derechos adquiridos son una piedra angular de cualquier sistema jurídico que aspire a la estabilidad y la justicia. Cuando estos derechos son ignorados o revocados arbitrariamente, se destruye la confianza en el sistema y se abre la puerta a la arbitrariedad y al abuso de poder. En el caso del proyecto Minero Cerro Blanco, la posibilidad de que una resolución en firme sea anulada mediante un procedimiento ilegal pone en duda la validez de todas las resoluciones emitidas por la Dirección de Gestión Ambiental y Recursos Naturales (DIGARN) desde su creación. Esto no solo afecta a los proponentes de este proyecto en particular, sino que también crea un clima de incertidumbre para todos aquellos que han confiado en el sistema para la aprobación de sus propios proyectos.

Finalmente, es importante destacar que, aunque López ha sido objeto de ataques y amenazas por su papel en la aprobación del instrumento ambiental del Proyecto Minero Cerro Blanco, su decisión de denunciar públicamente las irregularidades es un acto de valentía que merece ser reconocido. Enfrentarse a un gobierno que utiliza su poder para manipular los procesos legales no es tarea fácil, pero es fundamental para la defensa del Estado de Derecho y la protección de los derechos de todos los ciudadanos. La denuncia de López pone de manifiesto la necesidad de una administración pública que actúe de acuerdo con la ley y no con base en intereses particulares o ideologías políticas.

En conclusión, la seguridad jurídica es esencial para el desarrollo económico y la estabilidad social. Las resoluciones en firme deben ser respetadas, y cualquier intento de anularlas o modificarlas mediante procedimientos ilegales debe ser resistido. Los derechos adquiridos no son negociables, y un gobierno verdaderamente comprometido con la justicia y la equidad debe actuar de manera transparente y conforme a la ley en todo momento.

La inversión como motor del desarrollo: Un llamado a la claridad en el caso Cerro Blanco

En un mundo en constante cambio, la inversión se erige como un pilar fundamental para el progreso de las naciones. Atraer capital no solo significa impulsar la economía, sino también abrir las puertas a la innovación, el empleo y la mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.

Sin embargo, para que la inversión florezca, es necesario crear un entorno propicio, caracterizado por la transparencia, la seguridad jurídica y la estabilidad política. Lamentablemente, en Guatemala, asistimos con preocupación a un caso que pone en tela de juicio el compromiso con estos principios: el proyecto Cerro Blanco en Asunción Mita, Jutiapa.

Cerro Blanco, luego de cumplir con todos los requisitos legales y presentar el estudio ambiental más completo en la historia del país, se encuentra hoy en un limbo debido a mensajes contradictorios provenientes de distintas instancias del gobierno del Presidente Bernardo Arévalo.

Esta situación genera incertidumbre no solo para la empresa inversora, que ha día de hoy a invertido en el proyecto mas de US$300 millones, sino también para las comunidades locales que ven en el proyecto una oportunidad para el desarrollo económico y social.

Es imperativo que el gobierno de Guatemala actúe con celeridad y claridad para resolver este caso. La inversión no puede esperar en un limbo mientras se dilucidan diferencias internas.

Guatemala necesita inversiones para crecer, generar empleo y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Es momento de que las autoridades demuestren su compromiso con la creación de un entorno favorable para la inversión, donde la ley y la transparencia sean la norma.

El caso Cerro Blanco es una prueba fehaciente de la necesidad de actuar con decisión. El futuro de Guatemala depende en gran medida de su capacidad para atraer y retener inversiones productivas. No podemos permitir que la incertidumbre y la falta de claridad obstaculicen el progreso del país.

Un llamado a la acción:

  • Solicitamos al gobierno del Presidente Arévalo que resuelva el caso Cerro Blanco de manera transparente y expedita.
  • Instamos a las autoridades a crear un marco regulatorio claro y estable para la inversión en Guatemala.
  • Hacemos un llamado a la comunidad internacional para que invierta en Guatemala, un país con un enorme potencial para el desarrollo.
  • El futuro de Guatemala está en nuestras manos. Es hora de unir fuerzas para construir un país donde la inversión sea un motor de progreso y bienestar para todos.

A propósito del presupuesto 2021

Pocas veces hemos visto una reacción tan decidida, categórica y unánime como consecuencia de la aprobación de un Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la nación como la vista a partir de la aprobación de la versión 2021 del mismo. Más allá de corrientes políticas, de gustos personales y de afinidades colectivas, quisiera compartirles mi visión personal. Vaya por delante que independientemente de lo que pienso y siento, creo que el orden constitucional y el espíritu democrático deben prevalecer por sobre todas las cosas. Además aclarar que este comentario lo hago a absoluto TITULO PERSONAL, y no necesariamente representa la postura de ninguna de las organizaciones o instancias a las que pertenezco y en las que me muevo.

Empecemos por responder a la pregunta: ¿para que sirve el Presupuesto y los recursos que allí se asignan? A mi entender, los recursos que se asignan y ejecutan -oh sorpresa, al Ejecutivo le toca ejecutar– deben servir directa y exclusivamente para el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos. La razón de ser del Estado en su conjunto, de los burócratas y de todas aquellas personas u organizaciones que reciben recursos del pago de impuestos de los ciudadanos es la de MEJORAR LA VIDA de dichos ciudadanos. De lo contrario, esos recursos son ineficientes y sirven poco más que para poner dinero en las manos de un pequeño porcentaje de la población. De ese pequeño porcentaje hay aquellos que se lo han ganado con trabajo honesto, decidido y eficiente; y también los hay de los que han visto, y ven, al Presupuesto de la Nación como un botín que toca repartir. Conozco a varios de éstos, algunos inclusive que han logrado «babosear» a mucha gente -me incluyo- por años, y a otros nuevos que con piel de oveja son los lobos más feroces y salvajes que podamos imaginar.

Entonces, si los recursos deben servir exclusivamente para el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, ¿como saber si esos recursos están siendo eficientemente utilizados?. Sencillo: viendo el nivel de vida de los guatemaltecos, especialmente en aquellas áreas en donde el Estado debería estar involucrado, y señalando aquellas otras en donde no tiene nada que hacer. Le pregunto querido amigo y amiga: ¿Hay mejor calidad de vida hoy de la que había ayer? ¿Hay mejor infraestructura y servicios de salud? ¿Los niños tienen mejor y más amplia educación? ¿Hay menos niños desnutridos? La respuesta es NO, y ojo, que esta caída en los índices de calidad de vida que se miden en el país, viene de más o menos del año 2006 en adelante. O sea, desde hace 14 años que los presupuestos han servido prácticamente para pagar burocracia, favores políticos y poco más que eso. ¿Quienes de ustedes seguiría pagando a una empresa que le ofrece un servicio y que lejos de dárselo, lo que hace es cobrarle para mantener una planilla y los gustos y «desarrollo económico» de quienes la dirigen? Pues en eso estamos desde hace muchos años. En manos de unos politiqueros que no entienden de eficiencia, de resultados, de ahorro, de mejora en el manejo del dinero -que por cierto no es de ellos- y se dedican a repartir esos MILLES DE MILLONES de quetzales de forma opaca y tonta. Si, tonta.

Entonces, el gran problema de la aprobación del Presupuesto 2021 NO es la distribución -si esa es su preocupación, con mucho respeto me permito pedirle que analice de forma más profunda la realidad- sino la cantidad, el uso y sobre todo, los resultados esperados a partir de un sistema que consume dinero como un barril sin fondo. ¿Hasta cuando vamos a seguir manteniendo burocracia ineficiente? ¿Hasta cuando pactos colectivos abusivos? ¿Hasta cuando mantener la bolsa de personas sin escrúpulos que ven en la política una forma de salir de precarias situaciones económicas o ampliar fortunas mal habidas? Lo que se necesita es un análisis técnico, serio y desapasionado que permita que los recursos lleguen en tiempo y forma a quienes debe llegar, y que al final del día MEJOREN LA CALIDAD DE VIDA de los ciudadanos.

El descontento visibilizado el fin de semana pasado no es una simple llamarada de tuzas. Es un descontento real, profundo y justificado, de una ciudadanía que se ha cansado de vivir en condiciones precarias, a costillas de unos cuantos que deciden cómo, cuánto y a quién darle dinero que no les pertenece. Querer acallar esas voces críticas con mensajes confusos y falsos, como por ejemplo decir que el presupuesto actual es mayor al presentado -lo es después de las modificaciones hechas al original, a partir de haber adquirido una deuda histórica- o decir que la aprobación del mismo fue transparente -cuando vimos a un imitador de Cantinflas leyendo el proyecto de presupuesto a toda velocidad- es simplemente querer taparle el ojo al macho.

La derecha de este país debe levantarse en contra del conservadurismo de algunos, del acomodamiento de otros y de las pillerías de los de siempre, porque vamos camino a convertirnos en un país insostenible, caldo de cultivo para que surjan movimientos y personas aprovechadas que, con un discurso populista y oportunista, aprovechen la coyuntura para su beneficio y entonces si, perder la institucionalidad y espíritu democrático que la gran mayoría de guatemaltecos respeta. ¿Queremos mejores instituciones? Necesitamos mejores políticos, que al final del día son las que las dirigen. ¿Mejores políticos? Toca renovar, dar espacio a nuevas personas y luchar incansablemente, sin banderas ni ideologías obsoletas, por construir un sistema político que de paso un país en donde quepamos todos. Se puede, pero tocará luchar con uñas y dientes. Guatemala lo vale.

De “Nomada” a estancado…

Alegrarse del mal ajeno puede ser mezquino y condenable, por lo que hoy quisiera pedir se respete el derecho que él muchas veces machucó en otros: la presunción de inocencia. Me encantaría pedir que a Martin Rodriguez Pellecer se le trate de la misma forma que él y Nómada, el medio de comunicación que hasta ayer dirigió, trató y trata a otros, pero eso sería caer precisamente en el error que constantemente defienden, bajo la excusa de la «libre emisión del pensamiento», de condenar a alguien antes de tiempo.

Por experiencia personal, cuando hice lo que me pareció correcto – apartarme de la carrera presidencial recién pasada y no esconderme en antejucios o mañas legales para enfrentar un señalamiento – su “medio”, junto a otros medios liderados por pseudo feministas o “pulcros/pulcras” hipócritas, hicieron leña de mi vida, de mi familia y de mi trayectoria cuando jamás en la vida, nunca, he tenido un solo señalamiento como el que se me hizo en ese momento, y que hoy, de común acuerdo entre ambas partes, es solamente un documento de desistimiento y un mal recuerdo.

Ojalá la experiencia que está viviendo le cobre la misma cuota de reputación que él, y muchos de los “ejemplares” directores/as y periodistas de algunos medios, le hacen perder a aquellos que no tenemos el arma de un megáfono para dar nuestro punto de vista y defendernos, siendo entonces bombardeados con ataques antes de haber sido citados, oídos y vencidos en juicio.

Por lo demás, ojalá esta situación sea una gran oportunidad para todos de abrir un diálogo amplio y sincero sobre el comportamiento de hombres y mujeres, en torno a los abusos, violencia y acoso. La violencia y el acoso no tienen género y no deben ser consentidos por nadie, en ninguna forma. Pero además, que ese diálogo permita revisar detalladamente la ley de femicidio y su uso, ya que así como ha sido de gran ayuda en muchos casos, en otros tantos ha sido manoseada y mal utilizada.

No hay ser humano perfecto, somos imperfectos por diseño, y debemos ser más tolerantes frente a nuestras diferencias y que las mismas, no sean ancla para ataques y señalamientos que lo que buscan es la muerte civil y social. En su caso, como en cualquier otro, ojalá la justicia sea firme y equilibrada y si los alegatos en su contra, o en contra de cualquier señalado, resultan ciertos, que se le castigue como a cualquier otro. De no ser ciertos, que la vida le de la oportunidad de que su nombre sea absuelto de la crítica social, tan despiadada y violenta, y que pueda restablecer sus vínculos familiares, sociales y empresariales en santa paz. Mientras ese momento llega, lo único que nos toca es exigir para #Martin el derecho que el muchas veces machucó en otro: la presunción de inocencia y que sea la justicia, no las redes, quien defina si es culpable o inocente. #Nomada @revolufashion

Semana de Teletón. ¿Por qué después de 33 años seguimos haciendo este llamado a la participación?

Estamos entrando a la semana más importante que tiene Fundabiem durante el año. Una semana en donde toda su labor, y el valor que ésta aporta a la ciudadanía, se ponen a prueba. Una semana en donde las 13,000 familias que son beneficiadas con sus servicios, cruzan los dedos para que se logre alcanzar la meta económica que les permita seguir recibiendo los servicios de rehabilitación para ellos y sus familiares. En definitiva, una semana que marca el rumbo de los siguientes 12 meses de una institución que está cumpliendo 33 años y se ha convertido en la única institución, pública o privada, que tiene la infraestructura, equipamiento, personal y experiencia para atender el complejo mundo de la rehabilitación física neuro músculo esquelética a nivel nacional.

Durante los meses previos, y especialmente en las últimas dos semanas, como presidente de la institución me toca visitar muchos medios de comunicación y una pregunta que ha sido frecuente en esta oportunidad es: ¿Por qué es importante seguir haciendo Teletón después de 33 años?. Responderé desde dos dimensiones: la de Fundabiem y la de Teletón, que dicho sea de paso y a pesar de la confusión que pudiera generar, no son lo mismo. Fundabiem es el ejecutor de los recursos, la obra, y Teletón es el evento de recaudación que junto al apoyo de miles de guatemaltecos, consigue y entrega los recursos a Fundabiem. Entonces, vamos con la respuesta:

Desde la dimensión de Fundabiem

Fundabiem es la red de rehabilitación física más importante de la región. Cuenta con 21 Centros y Clínicas de rehabilitación geográficamente dispersas por todo el país. Cubre no sólo la Ciudad Capital y perímetro urbano sino además, el oriente, el occidente, el norte y el sur del país. Desde su fundación en 1986, Fundabiem ha brindado más de 9 millones de servicios de rehabilitación y ha beneficiado, de forma directa, a más de 700,000 guatemaltecos. En concreto, Fundabiem administra 14,000 metros cuadraros de infraestructura en todo el país.

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Además de eso, Fundabiem ha logrado posicionarse como pionero en el campo de la rehabilitación física a nivel nacional, ya que desde la mirada de movimiento de emprendimiento social, ha traído al país tecnología de última generación que hoy beneficia a miles de guatemaltecos.

Cuenta con el único equipo de rehabilitación robótica que hay en Centroamérica, un equipo con altos costos de acceso, que está presente en países mucho más desarrollados como Estados Unidos, México, Chile y Uruguay. Una hora de rehabilitación en este equipo en el Hospital de Rehabilitación de Chicago puede llegar a costar hasta US$400.00 por terapia. Hoy, en Fundabiem, muchos guatemaltecos tienen acceso a esa tecnología sin costo alguno. Ese equipo, sumado al único Laboratorio de Análisis de Movimiento que hay en el país, 8 Salas de Estimulación Multi Sensorial y 7 equipos de Rehabilitación Virtual hacen de la institución, la prestadora de servicios de rehabilitación más importante de Guatemala.

 

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La Teletón es importante para Fundabiem porque es a través de ese mecanismo que Fundabiem financia, por un período de 12 meses, la operación de los centros, el manejo de la infraestructura, el pago de los más de 200 profesionales que trabajan de manera directa con los niños y el otorgamiento de 400,000 servicios directos anualmente. Por eso es importante la Teletón.

Desde la dimensión de Teletón, el evento país. 

Hoy, mientras leía las noticias, comprobaba una vez más que lo que vemos, leemos, compartimos y recibimos todo el día son, principalmente, malas noticias. La narrativa de país nos hace sentir que estamos llegando al borde del precipicio y que como país, no tenemos salida. Nosotros nos negamos a creer que esto es así. Nos negamos a creer que esto es así porque vemos de cerca el corazón del guatemalteco, del verdadero guatemalteco, aquel que actúa y no se conforma con «alegar». El corazón del guatemalteco solidario y trabajador que, sin dudarlo un segundo, se para firme en apoyo de aquellos menos afortunados. Durante 33 años hemos visto el corazón de éste país. Porque de la nada, en un esfuerzo orgánico y muy sentido de miles de personas, hemos construido juntos un proyecto que hoy le pertenece al país entero.

 

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Es increíble ver las muestras de apoyo, la participación, el involucramiento y el anhelo, expresado en acciones y no sólo en sugerencias, que millones de guatemaltecos tienen de vivir en un mejor país. ¿Tenemos problemas? Claro, muchos. La deuda que tenemos con la inclusión y los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad es uno de ellos, pero existen en el país, y son la mayoría, miles de guatemaltecos que desean involucrarse y ser parte activa de las soluciones.

 

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Estoy convencido que el odio, el señalamiento, la división y la constante confrontación no nos llevarán a ningún lado. Históricamente hemos visto, no sólo en Guatemala sino en el mundo entero, muchos ejemplos de lo que se puede lograr cuando trabajamos juntos. Por eso el lema, por eso el llamado: «Juntos Todo es Posible».

Escucho y leo diariamente a muchas personas que dicen amar a su país y hoy, junto a más de 10,000 voluntarios que están trabajando desde hace meses en todo el país por alcanzar una meta que va mucho más allá de un monto económico, quisiera hacerle ésta pregunta: ¿Cuánto realmente ama usted a Guatemala?

Dígame cuánto hace por sus niños, cuánto hace por sus ancianos, cuánto hace por mejorar la salud social de su entorno y entonces le diré cuánto en realidad ama a Guatemala.

«Obras son amores y no buenas razones».

Este viernes 19 y sábado 20 de julio de 2019, arrancaremos una nueva Teletón y mientras este proyecto siga siendo el proyecto de recaudación más reconocido y el que, según estudio realizado en junio de 2019 por UNIMER, 8 de cada 10 guatemaltecos ha apoyado, seguiremos haciéndolo con entusiasmo, pasión y un anhelo profundo de ver un país en donde haya más inclusión, más participación, más acciones y menos palabras. ¡Nos vemos el fin de semana! ¡Juntos Todo es Posible!

 

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Votemos por Guatemala

Hace ya algunas semanas que he venido evaluando la posibilidad de escribir estas líneas. Desde mi retiro de la candidatura presidencial, voluntario por cierto, he intentado mantenerme al margen de la coyuntura política. Lo he hecho por mi familia, por mi equipo, pero sobre todo, porque creo que debo ser responsable con la decisión tomada y darle el espacio al candidato que me reemplazó para que presente sus propuestas sin el ruido que mis palabras pudieran generar. Como algunos de ustedes saben, la decisión personal de retirarme de la agrupación política que me postuló no fue fácil, pero fue la correcta y después de mi breve paso por esas turbias aguas del que hacer político, hoy entiendo muchas cosas que eventualmente compartiré.

Sin embargo, en todas y cada una de las reuniones de trabajo, sociales o familiares a las que asisto, siempre surgen las preguntas: ¿por quien vas a votar? ¿estás apoyando a algún candidato?. Entonces, en estas líneas trataré de resumir mi pensamiento y darle respuesta a ambas interrogantes. Empezaré por la más sencilla: No, no estoy apoyando política, ni personalmente a ningún candidato o proyecto específico. Varios de los candidatos me buscaron para que me sumara a sus equipos estratégicos o consejos políticos pero me encuentro retomando las riendas de mis proyectos personales, dedicándole mucho tiempo a mis hijos y enfocando mis energías en servir a las personas con discapacidad, que es el espacio social en el que me he desarrollado y del que nunca seré ajeno. Por tal razón, no estoy apoyando a ningún candidato.

Esto no quiere decir que no vea y analice mis opciones. Creo que las hay. Creo que dentro de la oferta política hay buenas personas, personas con buenas intenciones que están compitiendo en desventaja dentro de un sistema que literalmente ahoga a todos aquellos que pretenden actuar fuera de los patrones de lo que hoy mal llamamos en Guatemala, «política». Creo que hay gente preparada, gente visionaria, gente buena y gente capaz dentro de la gran mayoría de equipos presidenciales pero creo que más allá de dichos equipos presidenciales y los candidatos, somos nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes, los que realmente debemos prepararnos para actuar. Es porque creo en la fuerza de la gente que mi invitación a que «votemos por Guatemala» va mucho más allá de las próximas elecciones.

El ejercicio de «votar» implica elegir. Elegir dentro de las opciones que tengo a mi disposición. A finales del 2018, en visitas que hice al interior del país para conocer la estructura de la agrupación política con la que participé, mantuve siempre una postura: «No importa quien venga a gobernar, somos todos nosotros los guatemaltecos los que tenemos la posibilidad de sacar adelante a nuestro país». Claro que hay dificultades, claro que hay injusticias, claro que hay barreras, claro que hay estructuras e intereses mezquinos…¡claro que los hay!. Pero descansa en cada uno de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón y de nuestra fe, el seguir creyendo que podemos cambiar, que podemos ser mejores y que debemos intentarlo con todas nuestras fuerzas. No sólo por nosotros, sino por nuestros hijos y nietos. Debemos intentar dejar el país que se merece la gente buena, honesta, trabajadora y solidaria que hay en Guatemala y que sin duda alguna, son mayoría.

Entonces, mi invitación es para usted, directamente para usted: ¡Votemos por Guatemala! ¡Elijamos a Guatemala! Votemos por Guatemala intentando hacer lo correcto, votemos por Guatemala siendo un poco más hermanos, juzguemos menos, seamos más tolerantes con nuestras diferencias, aplaudamos al que hace bien las cosas. Que lo negativo, la burla, el insulto y la descalificación no sean más valorados que lo positivo, las palabras de aliento y la construcción conjunta de un país en donde quepamos todos. Nuestros dirigentes deben sentir la fuerza del cambio. Darse cuenta que ni un día más seguiremos respaldando el mensaje de división y confrontación que enriquece a algunos. ¡Queremos vivir en paz! Queremos vivir en un país en donde haya menos injusticias, donde haya menos hambre, en donde haya más oportunidades y es importante entender que ese cambio empieza en cada uno de nosotros.

Como dijo alguna vez el Presidente John F. Kennedy: «No te preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tu por tu país». ¿Arreglará eso los grandes problemas que hoy enfrentamos? No, seguramente no lo hará. Pero nos pondrá en una posición mucho más propensa a generar esos cambios con los que todos soñamos. Dividirnos, insultarnos, confrontarnos no nos funcionó, no nos funciona y no nos funcionará. Es a partir del entendimiento de que las diferencias no son malas, sino más bien son oportunidades de crecimiento ilimitado, desde donde podremos realmente conciliarnos y desarrollarnos como sociedad. Porque las autoridades que elegimos no son más que el fiel reflejo de nuestra sociedad. ¿Queremos mejores autoridades? Construyamos juntos una mejor sociedad, entonces tendremos mejores autoridades. Hoy lo invito: ¡Votemos por Guatemala! ¡Elijamos a Guatemala!

En cuanto a la pregunta sin respuesta – «¿por quien vas a votar?» – decidiré en las próximas semanas y con toda seguridad lo haré por aquel candidato que, lejos de confrontar y dividir, presente una postura de mesura y respeto por las diferencias. Por el momento, esa respuesta queda pendiente…

 

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Bienvenido 2019

Arrancamos un nuevo año. El aire huele diferente, los ánimos están a tope, las resoluciones del inicio del año son aún una realidad y la mayoría sonríe sin razón aparente. Todo funciona…

Todo funciona hasta pasados los primeros quince día del año, cuando la resaca de las fiestas se termina y toca enfrentar nuevamente la realidad. Esa realidad que es distinta para cada uno y que, en esa misma medida, nos duele a todos de forma diferente. Esa realidad que hace que algunos se quejen del tráfico, del trabajo y de los políticos y hace que otros tengan que ver como terminan el día, cómo hacen para comer o para atender la salud de un familiar enfermo. Distintas realidades, igual de importantes para cada uno porque no hay nada más personal que la perspectiva con la que cada persona vive su realidad.

Sin embargo, hoy quiero dirigirme a nosotros los afortunados. Los afortunados que tenemos la posibilidad de quejarnos del tráfico, porque tenemos carro. Los afortunados que nos quejamos de los compañeros o del jefe, porque tenemos trabajo. Aquellos suertudos que tenemos un celular, redes y desde allí, podemos despotricar contra todo aquel que piense diferente. Quiero dirigirme a nosotros los que la vida nos ha sonreído sin apenas darnos cuenta.

Este año es un año determinante para el futuro de nuestro país, no porque sea único sino por el contrario, porque es «uno más» y corremos el riesgo de desensibilizarnos frente a la gran oportunidad y responsabilidad que tenemos enfrente. Este año nos toca ser ciudadanos…nos toca elegir a quien nos representará en prácticamente todos los puestos de servicio público que hay en nuestro país, y eso no es poca cosa. Tenemos la gran posibilidad de cambiar la historia, y no me refiero por medio de elegir a x o y persona, más bien me refiero por medio de la participación activa, decidida, positiva y tolerante que podemos y debemos tener frente a un año que pinta complejo.

Tenemos una responsabilidad para con aquellos que han sido menos afortunados y que esperan, no una bolsa o un regalo, sino el reconocimiento de una sociedad que tiende a hacer invisible a las grandes mayorías y luego las atiende como que fuesen minorías. Hoy quiero dirigirme a aquellos que han sido más afortunados y decirles que no podemos seguir viendo pasar el tiempo desde la banqueta de enfrente. Que no podemos seguir criticándolo todo desde la comodidad del sillón. ¡Hoy toca que nos involucremos! ¿Cómo? Elija usted el cómo pero decídase a participar, a involucrarse, a dar palabras de aliento, a construir…porque destruir es fácil, construir es sólo para valientes.

Les deseo a todos un 2019 lleno de cosas buenas. De trabajo, de salud y de todas aquellas pequeñas cosas que hacen que nuestra realidad sea menos compleja que la realidad de millones de guatemaltecos que la pasan decididamente mal y que, en la mayoría de los casos, son más felices, agradecidos y emprendedores que aquellos a los que la vida nos ha sonreído. ¡Bienvenido 2019! Te esperábamos con emoción.

¿Les explico mi postura? Porqué creo que la manifestación es una aberración

Venga por delante que creo en la libre emisión del pensamiento. Creo también en el derecho que las personas tienen a manifestar y dar su opinión en torno a temas tan variados y controvertidos como la vida, la religión, la política y demás. Venga también por delante que no practico la religión católica, no creo en la religión organizada, creo en Dios, en un Dios vivo y amoroso que nos ama, nos perdona y tiene planes de vida para cada uno de nosotros. Vale también contarles que, aunque moderado y con un alto sentido de los grandes problemas sociales a los que se enfrentan las grandes mayorías, creo en la libertad y el mercado como únicas vías de desarrollo sostenible. Gracias a las oportunidades que me ha dado la vida, he podido ver de cerca ambos extremos de la pirámide social y económica del país: mucha riqueza, obscena en algunos casos, y mucha pobreza, desgarradora e inaguantable en la gran mayoría de casos.

Creo en mi país, creo en Guatemala y en su gente. Creo que vivimos en un país maravilloso, repleto de gente buena, trabajadora, honesta, esforzada y valiente. Creo que nuestros peores enemigos son la división, la indiferencia y la apatía, no por falta de sensibilidad en la gran mayoría de casos, sino empujados emocionalmente por aquellos que desean ver a este país caer antes de sentarse a conversar en una mesa y encontrar salidas justas, reales, ejecutables y consensuadas a los grandes desafíos a los que nos enfrentamos como sociedad.

Creo en el ser humano, en el valor intrínseco de la persona, ese que no se mide por tamaño de billetera, religión, condición social de ninguna clase, educación, color de piel, ideología política ni nada más. Creo que la persona humana vale por el simple hecho de ser persona.

Todo esto lo expreso porque el día de hoy, después de haber recibido por años cualquier cantidad de insultos, ofensas y demás por causa de lo que hago en favor de las Personas con Discapacidad de mi país, el día de hoy fui bautizado como «desestabilizador social» precisamente por una de estas Personas con Discapacidad. Me gané ese maravilloso y honroso título porque compartí en mi Facebook personal una iniciativa que busca firmas para la destitución del Procurador de los Derechos Humanos de mi país, el Lic. Augusto Jordán Rodas Andrade. Una iniciativa que considero justa y válida, no a la luz de su «presencia» en una reciente manifestación – porque él insiste que no participó, siendo un funcionario público que tiene todos los recursos a su alcance para saber a donde iba a meterse – sino a la luz de una postura que ha sido claramente contraria a los valores de humanidad, tolerancia, conciencia e imparcialidad que un funcionario, especialmente uno en su posición específica, debe ejercer. El Lic. Rodas se ha dado a la tarea de ser un promotor de una agenda divisionista y conflictiva que en nada le hace bien al país y le da fuerza a ese tremendo mal que nos mata como sociedad: la división.

En las mismas redes sociales vi muchos mensajes de gente que se reía o burlaba de aquellos que se escandalizaban por las escenas de una vulva por las calles, así como también comentarios de personas que, en su justo derecho, defendían su religión frente a lo que consideran una falta absoluta de respeto a sus tradiciones y liturgias. Mi caso no es ninguno de los dos, no me escandaliza la imagen de una vulva ni defiendo una religión en específico. Lo que sí defiendo es el valor de la mujer, valor que no puede ser reducido a una simple vulva, porque no es eso lo que las hace valiosas y diferentes. Que las mujeres busquen sus espacios y peleen por los derechos que consideran les son vulnerados me parece correcto y hasta loable. Lo que me parece una tremenda estupidez es no reconocer que la mujer vale por su corazón, por su coraje, por su valentía, por su disciplina, por su sensibilidad, por su inteligencia, por su capacidad y no por su vulva. En mi vida hay mujeres sumamente valiosas, pero ninguna me genera tanto anhelo de luchar por un mundo en donde las mujeres sean tratadas con respeto y valía como mis dos hijas. Decirles a ellas que lo que las hace diferentes es su vulva me parece una bajeza difícil de asimilar. Ellas valen por lo que son, no por como se ven sus cuerpos. Valen por lo que aporten a su familia y sociedad, no porque son portadoras de una vulva. Ellas valen por su cerebro, por su capacidad, no por una elección de la naturaleza que las hizo nacer diferentes a los hombres.

No me considero un «desestabilizador social», aunque a veces me gustaría serlo, porque desestabilizar algunas estructuras sociales tan arraigadas en nuestro país no estaría del todo mal. Creo en la tolerancia, no en el insulto, como la única vía para encontrarnos como sociedad. Creo en la unidad, no en la división que hoy se promueve, especialmente por grupos de «socialistas de caviar» que hablan del ser humano y es lo último que les importa. Creo en mi país, en su gente y en que todos juntos somos co-responsables de construir la sociedad que anhelamos. No se trata del gobierno solamente, no se trata de las autoridades solamente, se trata de cada uno de nosotros y del valor que debemos tener para salir del campo del espectador o crítico – las redes sociales hoy en día están llenas de esos – y meternos a la cancha a jugar ese juego en contra de la indiferencia y apatía. Como lo dijo un amigo paraguayo al que quiero muchísimo: las diferencias no son malas, lo malo es la indiferencia. Le agregaría que lo malo no son las diferencias, es la falta de tolerancia y división que se genera a partir de dichas diferencias. Guatemala y su gente necesitan voltear los ojos hacia aquellos muchos ejemplos positivos de trabajo y esfuerzo que muchos hacen diariamente y que construyen patria, dejar del lado la división y regresar a las raíces de lo que somos: un país de gente que se preocupa por la gente.

El valor de la confianza

Desde hace algunos años, he entendido de manera muy personal la importancia que tiene la confianza en la construcción de cualquier tipo de relación. No importa si hablamos de una relación de pareja, de amistad, de negocios, laboral o de cualquier otro tipo…sin confianza, no se puede construir nada.

La confianza nos permite ver al otro con un sentimiento de certeza y de cercanía que, cuando falta, nos pone en una actitud de cuestionamiento contaste: «¿será cierto lo que dice?», «¿cuales serán sus verdaderas intenciones?», «¿tendré que cuidarme de esta persona?» son alguna de las preguntas que rondan nuestra mente cuando la confianza falta. Es precisamente ese «miedo» al otro lo que nos aleja, nos paraliza, nos convierte en personas frías y calculadoras que, velando por no salir lastimados, construimos muros impenetrables que sirven a modo de barrera y salvaguardan nuestro más puro instinto de sobrevivencia.

Al ver el contexto social en el que vivimos, no puedo sino preguntarme: ¿existe confianza entre nosotros? ¿podemos desde la desconfianza construir el país que queremos? Yo creo que no. Cada vez que una persona es asaltada, su confianza en «su» gente -la gente de éste país- baja. Cada vez que un niño muere en un hospital por falta de medicina, los padres pierden la confianza en el estado (y aclaro que, para mi, el estado somos todos). Cada vez que una autoridad aprovecha su posición para beneficiarse, la confianza de todos en nuestro modelo de gobierno baja. Cada vez que faltamos a nuestros compromisos, el nivel de confianza que nuestro grupo cercano pudiera tener en nosotros, baja. Cada vez que escuchamos de una nueva captura por corrupción, nuestra confianza en las autoridades del país decae.

Es imposible construir relaciones, construir país, sin confianza. Es simplemente una utopía pensar que, dado el nivel de desconfianza que existe entre tantos grupos y personas en este país, podamos construir un modelo pro positivo de nación en donde todos podamos desarrollarnos y alcanzar el anhelado sueño de ser felices.

La gran pregunta entonces no es: ¿como construimos un mejor país?. La pregunta debiera ser: ¿como reconstruimos la confianza entre nosotros? Yo propongo una salida sencilla, lenta, pero que de repente logra el objetivo colectivo de tener un mejor país: hagamos cada uno de nosotros lo que nos corresponde, de la mejor manera posible, con pasión, con compromiso, con esfuerzo y con sacrificio. Cumplamos la parte que a cada uno de nosotros nos corresponde y no estemos viendo que es lo que el otro, u otros, hacen o dejan de hacer. No vamos a construir confianza atacándonos, ni señalándonos ni viendo «la paja en el ojo ajeno» si, día a día, cada uno de nosotros falla en el compromiso personal que le corresponde.

Tratemos de ser puntuales, porque eso genera confianza. Cumplamos con las reglas, eso genera confianza. Si está en una posición de autoridad, haga su trabajo como corresponde, la gente confiará en usted. Honremos nuestros compromisos, eso genera confianza. Hablemos con la verdad, porque eso genera confianza. Actuemos, dejemos de hablar, porque eso genera confianza.

Si esperamos que el otro empiece, y somos reactivos a los que el otro hace para entonces yo hacer lo que me corresponde, viviremos en una sociedad cada vez más confrontada, dividida y desconfiada y por experiencia les digo: sin confianza, es imposible construir nada.