Corre y va de nuevo

Ésto de escribir regularmente, sin duda, no es fácil. Desde hace ya varios meses he estado escribiendo en cuadernos, hojas y mi Ipad pero no había vuelto a éste sitio con el que intenté comprometerme hace ya casi un año. Como les compartí en aquel momento, estoy en una etapa de mi vida en la que siento una necesidad cada vez más  fuerte de expresar mis ideas y sentimientos frente a tantos temas que nos ocurren a la mayoría en el día a día. Compartir un poco de mis batallas -muchas por cierto- de mis alegrías, de mis tristezas y de mis ideas. Afortunadamente, éste año 2013 ha sido un año lleno de aprendizajes…de errores, de alegrías y tristezas. En resumen, ha sido un año lleno de vida. Sólo por eso, por el regalo de la vida, hoy tengo que dar gracias a Dios porque no muchos pueden decir lo mismo que yo.

Dentro de algunos de mis aprendizajes más importantes puedo mencionar el hecho que cada día me doy cuenta de lo mucho que no sé y de lo mucho que me queda por aprender. Es increíble lo arrogante que puede llegar a ser el hombre, creyendo que lo sabe todo. Vivimos en una sociedad de 14 millones de «expertos» en todos los temas habidos y por haber. Mientras no veamos la otra cara de la moneda, lo mucho que nos falta por aprender y lo ignorantes que somos en muchos de los temas de los que opinamos fervientemente, no creceremos. Porque en la humildad hay crecimiento…así como en la continua disposición a aprender. Siempre, en todas las áreas y situaciones de la vida, podemos aportar y recibir conocimientos y experiencias. A veces las grandes lecciones de la vida vienen de aquellos que menos creemos puedan enseñarnos algo. Tengo que confesar que ha veces cuesta mucho. ¿Como no opinar si las soluciones están «ahí nomás»?

Hace unos días escuché a un periodista «sugerirle amablemente» a la Vice Presidenta del país pasar por una prueba de polígrafo para comprobar si estaba diciendo la verdad. ¡Se imaginan eso! Una prueba de polígrafo para la Vice Presidente de un país. Aclaro que mi comentario lo hago con total independencia de mi simpatía o no a la actual administración. Lo hago para señalar el extremo al que hemos llegado. Vivimos rodeados de 14 millones de expertos políticos que todo el día opinamos de lo mucho que debe hacer el gobierno para que nuestra vida y nuestro futuro cambie. Me pregunto: ¿cuánto hacemos cada uno de nosotros por cambiar aquellas cosas que SABEMOS que debemos cambiar? Porque es precisamente eso lo que va a cambiar nuestras vidas y nuestro futuro, no lo que el gobierno haga o deje de hacer. Lo que cada uno de nosotros hace con su vida y sus decisiones es mucho más importante que lo que hace nuestro Presidente o Vice Presidente. El futuro de éste país no depende de lo que pase en Casa Presidencial….depende de lo que pasa en la casa de cada uno de nosotros.

Vivimos muy preocupados poniendo nuestra atención en nuestras diferencias y en todo lo que el vecino hace o deja de hacer. Que si somos de derecha o de izquierda, que si somos católicos o evangélicos, ricos o pobres, indígenas o ladinos, altos o chaparros, flacos o gordos. ¿En que momento se nos olvidó que detrás de todos esos trajes, todos compartimos una característica que nos hace iguales? Nuestra humanidad…

Éste país necesita urgentemente gente que quiera aprender nuevas formas de hacer las cosas. Personas que quieran llenar de amor (que se resumen en dar), de perdón, de trabajo, de esfuerzo, de compromiso y de responsabilidad todos los actos de su vida, todos los días. Gente que quiera aprender a ver a sus semejantes a través de otros lentes…unos lentes más cercanos a los que le gustaría se usen para verlo a el o ella. Debajo de nuestra postura de sabelotodos hay una gran raíz de orgullo y hoy puedo decirles, porque me ha tocado enfrentarme a situaciones que pensé podía controlar porque «sabía» mucho de ellas, que el camino de la humildad y del aprendizaje es mejor, menos doloroso y más constructivo.