El valor de la confianza

Desde hace algunos años, he entendido de manera muy personal la importancia que tiene la confianza en la construcción de cualquier tipo de relación. No importa si hablamos de una relación de pareja, de amistad, de negocios, laboral o de cualquier otro tipo…sin confianza, no se puede construir nada.

La confianza nos permite ver al otro con un sentimiento de certeza y de cercanía que, cuando falta, nos pone en una actitud de cuestionamiento contaste: «¿será cierto lo que dice?», «¿cuales serán sus verdaderas intenciones?», «¿tendré que cuidarme de esta persona?» son alguna de las preguntas que rondan nuestra mente cuando la confianza falta. Es precisamente ese «miedo» al otro lo que nos aleja, nos paraliza, nos convierte en personas frías y calculadoras que, velando por no salir lastimados, construimos muros impenetrables que sirven a modo de barrera y salvaguardan nuestro más puro instinto de sobrevivencia.

Al ver el contexto social en el que vivimos, no puedo sino preguntarme: ¿existe confianza entre nosotros? ¿podemos desde la desconfianza construir el país que queremos? Yo creo que no. Cada vez que una persona es asaltada, su confianza en «su» gente -la gente de éste país- baja. Cada vez que un niño muere en un hospital por falta de medicina, los padres pierden la confianza en el estado (y aclaro que, para mi, el estado somos todos). Cada vez que una autoridad aprovecha su posición para beneficiarse, la confianza de todos en nuestro modelo de gobierno baja. Cada vez que faltamos a nuestros compromisos, el nivel de confianza que nuestro grupo cercano pudiera tener en nosotros, baja. Cada vez que escuchamos de una nueva captura por corrupción, nuestra confianza en las autoridades del país decae.

Es imposible construir relaciones, construir país, sin confianza. Es simplemente una utopía pensar que, dado el nivel de desconfianza que existe entre tantos grupos y personas en este país, podamos construir un modelo pro positivo de nación en donde todos podamos desarrollarnos y alcanzar el anhelado sueño de ser felices.

La gran pregunta entonces no es: ¿como construimos un mejor país?. La pregunta debiera ser: ¿como reconstruimos la confianza entre nosotros? Yo propongo una salida sencilla, lenta, pero que de repente logra el objetivo colectivo de tener un mejor país: hagamos cada uno de nosotros lo que nos corresponde, de la mejor manera posible, con pasión, con compromiso, con esfuerzo y con sacrificio. Cumplamos la parte que a cada uno de nosotros nos corresponde y no estemos viendo que es lo que el otro, u otros, hacen o dejan de hacer. No vamos a construir confianza atacándonos, ni señalándonos ni viendo «la paja en el ojo ajeno» si, día a día, cada uno de nosotros falla en el compromiso personal que le corresponde.

Tratemos de ser puntuales, porque eso genera confianza. Cumplamos con las reglas, eso genera confianza. Si está en una posición de autoridad, haga su trabajo como corresponde, la gente confiará en usted. Honremos nuestros compromisos, eso genera confianza. Hablemos con la verdad, porque eso genera confianza. Actuemos, dejemos de hablar, porque eso genera confianza.

Si esperamos que el otro empiece, y somos reactivos a los que el otro hace para entonces yo hacer lo que me corresponde, viviremos en una sociedad cada vez más confrontada, dividida y desconfiada y por experiencia les digo: sin confianza, es imposible construir nada.

Dar lo mejor

Como si nada, estamos cerrando el primer mes del año y como siempre, el tiempo camina indiferente a nuestras preferencias. Muchos de nosotros seguramente quisiéramos tener más tiempo para cumplir nuestras metas pero la realidad es la que hay y tenemos que trabajar con el tiempo que la vida nos regala.

En el contexto de nuestra sociedad, el tiempo avanza cada día más rápido y en el horizonte se deslumbra un proceso electoral que nos permitirá elegir a las autoridades que nos gobernarán a partir del 2016 por cuatro años. Siento como que hubiese sido ayer cuando escuchaba en radios y veía en televisión los spots promocionales del actual partido de gobierno y sin embargo, estamos ya a menos de un año de que termine el período para el que fueron electos. Ahora, esperemos que a partir de mayo cuando se abra oficial y legalmente la contienda electoral, se nos vendrá encima nuevamente un chaparrón de ofertas y de promesas que nos pintarán un futuro mejor para todos. Habrá ofertas de todo tipo: de seguridad, de salud, de programas sociales, de libre empresa, de populismo de hueso colorado, de cambio, de transformación, de educación, etc. Escoja usted la promesa que más le guste y agréguela al listado porque seguramente esa también la escucharemos. No me mal entienda, es bueno que haya oferta electoral y es bueno que cada uno de nosotros pueda, libre y democráticamente, elegir a la persona que nos genere mayor nivel de confianza para liderar los destinos del país. Tenemos la obligación y el deber cívico de dar nuestro voto.

Pero hoy quiero invitarlo a pensar en algo que es, a mi entender, un poco más importante que éstos procesos electorales de cada 4 años. Cada 4 años tenemos el deber cívico de dar nuestro voto pero todos los días tenemos el deber moral de dar algo más…dar lo mejor! Dar lo mejor de cada uno de nosotros en cada una de las áreas en donde nos desarrollamos y movemos. Porque déjeme contarle algo: no habrá un solo candidato dentro del «pequeño» listado que veremos en los próximos meses que pueda transformar nada en éste país sin la participación decidida y categórica de la mayoría de personas que conformamos ésta sociedad. Como decía Reagan: «El futuro del país no depende de lo que pasa en la Casa Blanca (Casa Presidencial en nuestro caso) sino de lo que pasa en SU casa». Porque de la casa de cada uno de nosotros es de dónde salimos todos a relacionarnos y desarrollarnos en ésta sociedad. Por lo mismo, es nuestro deber intentar dar lo mejor y ser la mejor versión de lo que cada uno de nosotros puede llegar a ser. No basta con culpar a nuestras autoridades porque las cosas no funcionan cuando somos nosotros partícipes de ese sistema colapsado del que tanto nos quejamos. ¿Como podemos criticar la corrupción cuando la salida fácil a una remisión es ofrecer una mordida? ¿Como podemos criticar el trabajo de la Muni cuando tiramos la basura en la calle sin dudarlo? ¿Como hablamos mal de los «Padres de la Patria» y los criticamos por no llegar a trabajar o hacerlo tarde cuando muchas veces, hacemos nosotros lo mismo? Somos rápidos para ver por la ventana pero lentos para hacerlo al espejo.

La sociedad es un subproducto de las comunidades, las comunidades un subproducto de las familias y las familias un subproducto de las personas que las componen. ¿Ve la importancia de que cada uno de nosotros, desde la responsabilidad personal nos decidamos a dar lo mejor? Somos parte de un todo y no estamos aislados de los demás. Al dar lo mejor, cada uno de nosotros está contribuyendo de forma directa a la construcción de la sociedad con la que todos soñamos. Dejemos a los políticos de lado, dejemos la crítica destructiva de lado, dejemos el conformismo de lado y decidamos cada uno de nosotros dar lo mejor que tenemos. ¡Dar lo mejor de cada uno de nosotros, todos los días! Porque déjeme decirle algo: cuando la cosa se pone difícil, cuando el camino se torna oscuro y las fuerzas se acaban, no queda otro camino que dar lo mejor e intentar salir adelante.

Una vez más, con el mayor sentido de admiración por el corazón tan grande de nuestra gente, les comparto la historia de una mamá que enfrentada a enormes desafíos, muchos de ellos capaces de doblar a la gran mayoría de personas que conozco, decide dar lo mejor todos los días. Dar lo mejor por amor y por responsabilidad personal. ¿Quien se apunta e iniciamos una nueva corriente, una nueva moda, en éste país? La moda de DAR LO MEJOR todos los días. ¡Feliz semana para todos!

El sueño guatemalteco

Así como escuchamos constantemente del «sueño americano», que se dice de esas historias de éxito de personas que con mucho esfuerzo y trabajo han logrado cambiar radicalmente la situación económica, social y educativa de sus familias en los Estados Unidos, me da la impresión que todos los días escuchamos y vemos más ejemplos de lo que, tristemente, muchas personas entienden hoy en día como el «sueño guatemalteco». Lejos han quedado aquellos tiempos en donde se conocía y se admiraba el trabajo y la trayectoria de las personas que con esfuerzo y sacrificio lograban mejorar la calidad de vida de sus seres queridos. En Guatemala hay miles de ejemplos perdidos de personas que, no teniendo nada, se convirtieron gracias a su trabajo honesto y dedicación, en referentes sociales y empresariales.

Hoy, la mayoría de nosotros vemos y escuchamos ejemplos de personas que, sin la trayectoria ni el carácter necesario, viven con lujos y excesos fuera de toda realidad y creemos entonces que la vida premia con dinero fácil a todo aquel que es lo suficientemente «chispudo» para conseguirlo. No importa si eso implica robar, vender productos ilegales, defraudar al fisco y/o estafar a otro no tan «chispudo» como yo, lo importante es el resultado y no el camino. Por otro lado, cada día con mayor frecuencia, vemos ejemplos de políticos que no teniendo nada al inicio de sus carreras políticas hoy son acaudalados terratenientes y millonarios de papel y creemos entonces que ese es el «sueño guatemalteco». Lo único que necesito es ser lo suficientemente «chispudo» como para abrirme el camino que me permita llegar a ser como uno de ellos.

No quiero generalizar porque entiendo que la política no hace al hombre sino el hombre a la política y considero que hay buenos hombres y mujeres ejerciendo esa importante profesión. Sin embargo, un poco porque muchos de nuestros «líderes» carecen del carácter y sustento moral como para admirarlos y un poco porque los medios de comunicación, dentro de su rol fiscalizador y comercial deben publicar aquellas noticias que generen más ruido, se nos ha olvidado que en el país todavía existen grandes ejemplos de lucha a los que podemos voltear a ver para encontrar el verdadero sentido del «sueño guatemalteco». Ciudadanos que constituyen la reserva moral de éste país. Grandes hombres y mujeres que, lejos de regalos y bolsitas, lo que desean es ser reconocidos como seres humanos y tener las oportunidades para, con el mismo esfuerzo y sacrificio con el que hoy enfrentan sus vidas, trabajar y producir para cambiar la realidad económica, social y educativa de sus familias.

Como sociedad, todos somos responsables de construir el ideario social que rige nuestras relaciones y hoy, luego de varios años de vida en democracia, el ideario social bajo el que vivimos premia el egoísmo, la desunión, el fraude, la trampa y muchas otras «cualidades» que nos convierten en lo que hoy somos como país. Debemos, urgentemente, voltear a ver a aquellos guatemaltecos verdaderamente extraordinarios que, con su esfuerzo de todos los días, nos pueden recordar lo que es ser un buen guatemalteco. Gente honrada y valiente que, a pesar de las desigualdades y errores del sistema, luchan día a día por salir adelante y dejarle una mejor calidad de vida a sus seres queridos. Es una pena que muchas veces es necesario que un guatemalteco tenga que salir del país, poner en práctica los valores de esfuerzo que aprendió en ésta tierra, crecer y desarrollarse en otro lugar con mejores oportunidades, ser «exitoso» y reconocido fuera para que entonces le pongamos atención.

Debemos aprender a ver a nuestra gente, a esos guatemaltecos que a pesar de vivir en situaciones de precariedad y de desigualdad, nos muestran el camino del verdadero «sueño guatemalteco». Un camino de bien, de esfuerzo, de dar, de lucha, de constancia y perseverancia, de honestidad, de amor por nuestro prójimo y por nuestro entorno, de agradecimiento y de superación.

Como ejemplo, les comparto la vida de una mamá que construye el futuro de los suyos con acciones de todos los días. ¡Que viva la gente buena de mi país! ¡Que viva el verdadero sueño de los guatemaltecos!

 

Nuevos comienzos

Por inquietudes personales y el momento de mi vida en el que me encuentro, que ha requerido de largos momentos de reflexión y análisis, voy a comenzar publicando esta nota para luego dar paso a la publicación de varios artículos que tengo escritos y que por distintas razones nunca vieron la luz pública de este espacio.

Hoy quiero aprovechar ese ambiente de reflexión, mezclado con ánimo de mejora y de cambio, que siempre acompaña los primeros días de enero para plantear algunas ideas que, espero, puedan ayudar a más de alguno a tener un año 2015 lleno de crecimiento personal, de paz y de metas cumplidas. Creo que todos los seres humanos anhelamos vivir mejor, ser felices y llevar una vida en paz y para eso, la vida nos regala una hoja en blanco cada 365 días para que escribamos una nueva historia…nos regala, nuevos comienzos.

Quizás alguno ha terminado el año enfermo y triste, quizás alguno lo ha terminado económicamente quebrado, más de alguno ha visto como una relación valiosa se ha ido deteriorando o la ha perdido por completo. Quizás hay otros que se sienten como en un callejón sin salida, sin esperanza y sin aliento para seguir. Muchos otros, una gran mayoría me parece por lo que he escuchado en la calle, están preocupados porque «este 2015 sí va a estar bien duro» con todo el tema político y campaña electoral a la vuelta de la esquina. Por el contrario, quizás es usted uno de los afortunados que terminó el año feliz, contento, sano, pletórico, con estabilidad financiera, rodeado de amigos y familia. Lo que quiero compartir hoy es para todos los antes mencionados, sin importar su situación actual. Porque hoy, sin distinción alguna, la vida nos está regalando nuevos comienzos. Nuevos comienzos para soñar de nuevo, para amar a mi prójimo, para perdonar, para mejorar – porque no importa si en este momento de la vida todo le está funcionando como usted desea, siempre hay un espacio para mejorar – para ser la mejor versión de lo que puedo ser, para dar, para amar, para trabajar, para vivir, para luchar, para dar nuestro mejor esfuerzo y sobre todo, nuevos comienzos para convertirme en el responsable único del resultado y frutos de mi vida. Porque le tengo una excelente noticia: es usted, nadie más, el responsable de su vida y de su felicidad. Muy a pesar de lo que nos dicen, la responsabilidad no es del Gobierno, del jefe, de su esposa o esposo, de sus amigos, tampoco es responsabilidad de sus padres y ni siquiera de su líder espiritual. La responsabilidad de lo que se vaya a escribir en esa hoja en blanco que cada uno de nosotros está recibiendo es, por fortuna, de cada uno de nosotros. ¡Eso es una gran noticia! Porque podemos dejar por un lado el victimismo que aprisiona, el rencor que seca o la desesperanza que apaga el corazón y elegir vivir la vida -con sus problemas y todo- de manera plena y con toda intensidad. Dicen por allí que el resultado no es más que la suma de acciones que tomamos y eso nos reta entonces a ver nuestros resultados desde la perspectiva de nuestras acciones. Es allí, en nuestras acciones del día a día, en donde radica el éxito de nuestros resultados y la felicidad con la que elegimos «caminar el trayecto» que nos llevará de hoy al próximo 31 de diciembre.

En este año que se viene, con todos los desafíos que tenemos como sociedad, los invito a que dejemos de ser espectadores y nos convirtamos en actores principales en el ejercicio de nuestros derechos y responsabilidades como seres humanos. Los invito a que sembremos acciones de bien, palabras de bien, esfuerzo y sacrificio, responsabilidad personal y coherencia entre nuestros pensamientos, sentimientos y acciones para que, a finales del 2015, cada uno pueda hacer una evaluación de los 12 meses vividos y con alegría y orgullo pueda decir que las letras que escribió en esa hoja limpia, fueron las mejores de su vida. No desaprovechemos ese gran regalo de un «nuevo comienzo» que nos regala hoy la vida y atrevámonos a ser la mejor versión de lo que cada uno de nosotros puede ser.

¡Feliz 2015, lleno de paz, de abundancia y de luz para cada uno de ustedes!

Corre y va de nuevo

Ésto de escribir regularmente, sin duda, no es fácil. Desde hace ya varios meses he estado escribiendo en cuadernos, hojas y mi Ipad pero no había vuelto a éste sitio con el que intenté comprometerme hace ya casi un año. Como les compartí en aquel momento, estoy en una etapa de mi vida en la que siento una necesidad cada vez más  fuerte de expresar mis ideas y sentimientos frente a tantos temas que nos ocurren a la mayoría en el día a día. Compartir un poco de mis batallas -muchas por cierto- de mis alegrías, de mis tristezas y de mis ideas. Afortunadamente, éste año 2013 ha sido un año lleno de aprendizajes…de errores, de alegrías y tristezas. En resumen, ha sido un año lleno de vida. Sólo por eso, por el regalo de la vida, hoy tengo que dar gracias a Dios porque no muchos pueden decir lo mismo que yo.

Dentro de algunos de mis aprendizajes más importantes puedo mencionar el hecho que cada día me doy cuenta de lo mucho que no sé y de lo mucho que me queda por aprender. Es increíble lo arrogante que puede llegar a ser el hombre, creyendo que lo sabe todo. Vivimos en una sociedad de 14 millones de «expertos» en todos los temas habidos y por haber. Mientras no veamos la otra cara de la moneda, lo mucho que nos falta por aprender y lo ignorantes que somos en muchos de los temas de los que opinamos fervientemente, no creceremos. Porque en la humildad hay crecimiento…así como en la continua disposición a aprender. Siempre, en todas las áreas y situaciones de la vida, podemos aportar y recibir conocimientos y experiencias. A veces las grandes lecciones de la vida vienen de aquellos que menos creemos puedan enseñarnos algo. Tengo que confesar que ha veces cuesta mucho. ¿Como no opinar si las soluciones están «ahí nomás»?

Hace unos días escuché a un periodista «sugerirle amablemente» a la Vice Presidenta del país pasar por una prueba de polígrafo para comprobar si estaba diciendo la verdad. ¡Se imaginan eso! Una prueba de polígrafo para la Vice Presidente de un país. Aclaro que mi comentario lo hago con total independencia de mi simpatía o no a la actual administración. Lo hago para señalar el extremo al que hemos llegado. Vivimos rodeados de 14 millones de expertos políticos que todo el día opinamos de lo mucho que debe hacer el gobierno para que nuestra vida y nuestro futuro cambie. Me pregunto: ¿cuánto hacemos cada uno de nosotros por cambiar aquellas cosas que SABEMOS que debemos cambiar? Porque es precisamente eso lo que va a cambiar nuestras vidas y nuestro futuro, no lo que el gobierno haga o deje de hacer. Lo que cada uno de nosotros hace con su vida y sus decisiones es mucho más importante que lo que hace nuestro Presidente o Vice Presidente. El futuro de éste país no depende de lo que pase en Casa Presidencial….depende de lo que pasa en la casa de cada uno de nosotros.

Vivimos muy preocupados poniendo nuestra atención en nuestras diferencias y en todo lo que el vecino hace o deja de hacer. Que si somos de derecha o de izquierda, que si somos católicos o evangélicos, ricos o pobres, indígenas o ladinos, altos o chaparros, flacos o gordos. ¿En que momento se nos olvidó que detrás de todos esos trajes, todos compartimos una característica que nos hace iguales? Nuestra humanidad…

Éste país necesita urgentemente gente que quiera aprender nuevas formas de hacer las cosas. Personas que quieran llenar de amor (que se resumen en dar), de perdón, de trabajo, de esfuerzo, de compromiso y de responsabilidad todos los actos de su vida, todos los días. Gente que quiera aprender a ver a sus semejantes a través de otros lentes…unos lentes más cercanos a los que le gustaría se usen para verlo a el o ella. Debajo de nuestra postura de sabelotodos hay una gran raíz de orgullo y hoy puedo decirles, porque me ha tocado enfrentarme a situaciones que pensé podía controlar porque «sabía» mucho de ellas, que el camino de la humildad y del aprendizaje es mejor, menos doloroso y más constructivo.

El Amor mas puro

Hoy escribo de un tema que tiene un espacio importante en la vida de todas las persona…el amor. Quisiera empezar por definir lo que considero es y no es el amor: . El amor NO es un sentimiento, ni son esas «mariposas en el estómago» que siento cuando me enamoro por primera vez. No es tampoco un tienda a donde llego a pedir lo que yo quiera, a crédito y sin fecha de pago. El amor no está allí para darme…ni siquiera para «hacerme feliz». El amor no es egoísta ni existe para que se cumplan mis mas anhelados deseos. El amor es mucho mas…el amor es sacrificio, es decisión, es lucha, es «estar presente», es dar, es apostarle a alguien o a algo a pesar de las circunstancias. El amor es perdonar y en algunos casos hasta sufrir, el amor no tiene tiempo ni condición.

Vivimos en una sociedad «egocéntrica» que premia la satisfacción inmediata. Si los demás no está allí para darme lo que yo quiero, cuando yo lo quiero, entonces es que no me aman. No estamos acostumbrados a que alguien o algo nos diga que no, ni a lo que queremos ni al tiempo en el que lo queremos. Comida rápida…horno de microondas…internet de alta velocidad – cada vez mas «alta» por cierto -…tratamientos para bajar de peso en 5 días…clases para aprender a hablar inglés en 2 semanas…lectura rápida…películas antes de que lleguen al cine – con el riesgo de que el disco nos raye el DVD pero que importa porque la veo antes -…pizza lista para llevar…TODO, absolutamente todo gira alrededor de satisfacer mis necesidades, básicas y no básicas, de forma inmediata porque de lo contrario no sirve.

Esta sociedad en la que vivimos es el claro reflejo de la pérdida de valores tan fundamentales, tan humanos y tan antiguos como el del amor. Amor por los demás, amor por mi comunidad, mi país, amor por mi mismo…amor por un Dios bueno que nos creo a su imagen y semejanza. En la medida en la que empecemos a dar…a sacrificarnos…a decidir ser mas humanos…a perdonar…a sufrir…a no ponerle condiciones a nuestro actuar en comunidad…solo en esa medida podremos ver cambios profundos en nuestras relaciones personales, familiares y sociales. Lamentablemente, y lo digo desde la experiencia, este concepto de amor es mucho mas fácil definirlo que vivirlo. Nos toca enfrentarnos a gente que nos trata de forma inadecuada, a personas y situaciones que nos hacen sufrir, a familiares que nos lastiman día a día con sus acciones y forma de ser, a una sociedad que se despreocupa por mi y muchas veces me falla, a un gobierno que nos queda mala cada vez que puede, a una Iglesia que se dedica mucho mas a temas sociales, políticos o económicos pero que desatiende mi corazón, a parejas ausentes por el trabajo y la rutina. Está claro que en un panorama como este el «amor» y el «amar a mi prójimo» parece mas un chiste de mal gusto que una salida viable y sana.

Estamos pasando por un momento de nuestra vida en sociedad en donde necesitamos amar mas que nunca. Amar al que me lastima, al que lo hace de forma consciente y a veces maliciosa, a aquel que con su actuar y sus palabras me ofende. Amar al piloto de la camioneta que se me adelantó en el semáforo. Al buen «amigo» que, jugando un simple partido de fútbol, se le ocurrió que mis piernas eran la pelota y las pateo hasta mas no poder. Al dependiente estatal que está mas ocupado e interesado en su llamada telefónica que en ayudarme a solventar alguna duda. Que decir de aquel padre…o aquel hijo…o aquel esposo o esposa…

Es duro…LO SÉ. Pero necesitamos dar amor, no solamente por el que me falla, sino por mi. Porque al mantener un corazón limpio y libre de heridas evito auto condenarme a una vida de rencor y muerte interna.

Hoy los invito que amemos como nunca lo hemos hecho…que perdonemos…que intentemos vernos en la vida del otro y que, a través de pequeñas grandes acciones, construyamos la cultura del amor. Una cultura de armonía y de humanidad que nos permita salir de los enormes desafíos que tenemos por delante. No solo porque es un buen «sentimiento» sino porque el amor cura heridas y enmienda errores. Para hacerlo, tenemos que voltear a ver a la fuente de amor mas puro que existe…a ese amor incondicional y generoso que nos da vida, nos da luz, nos da fuerzas para respirar. El amor de Dios a través de su Hijo Jesús…EL AMOR MAS PURO.

¡Feliz semana para todos!

Hoy quiero celebrar la capacidad

Hoy, en todo el mundo, se celebra un día especial. Un día en donde podemos ver la enorme capacidad y fuerza del espíritu humano. Hoy celebramos la capacidad de ser mejores, de ser una sociedad consciente y respetuosa. Hoy, en todo el mundo, se celebra la enorme posibilidad que tenemos de construir sociedades para todos, en donde cada ser humano, sin importar su raza, su color, su educación o sus capacidades físicas, mentales o sensoriales, encuentre oportunidades para su desarrollo integral. Hoy celebramos el DIA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD.

Hace ya casi 30 años de la primera vez que me enfrenté a la realidad de la discapacidad. Mi mamá, quien durante mas de 30 años ha sido una promotora incansable de bienestar y de mejora en las condiciones de vida de las Personas con Discapacidad, me llevó junto a mis hermanas a un hospital de rehabilitación. Recuerdo vagamente las imágenes pero recuerdo claramente el sentimiento: miedo. Miedo a lo desconocido…miedo a no saber como actuar. De las pocas imágenes que recuerdo, porque fue ya hace tantos años, regresan a mi mente el color sombrío de aquel lugar, la tristeza y abandono que se respiraban y sobre todo, el sentimiento de «lástima» que generabas aquellas personas.

Hoy, después de 26 años de servir activamente en un movimiento que busca mejorar la calidad de vida de las Personas con Discapacidad, el panorama mental ha cambiado mucho. Pero sobre todo a cambiado el sentimiento a uno mucho mas correcto: ADMIRACIÓN. Como no sentirme admirado por el esfuerzo humano que muchas de las Personas con Discapacidad hacen día a día por desarrollar actividades que a los demás nos parecen sencillas. Como no sentir admiración por la madre que deja su vida por cuidar a su hijo con discapacidad. Como no admirar a ese hijo que, con esfuerzo y sacrificio, logra avanzar en la vida para orgullo de sus padres. Como no sentir admiración por aquellas personas que, con la dificultad que tienen para desarrollar su cuerpo, se ha dado a la tarea -mucho mas importante por cierto- de desarrollar su alma y su espíritu. Como no admirar a aquellas personas que, sin jugar el papel de víctimas, buscan una oportunidad de trabajo o estudio, esperando que la gente los valore por su capacidad y no por su «discapacidad».

En este trayecto de casi 30 años, he tenido la oportunidad de conocer a cientos y miles de Personas con Discapacidad y no tengo mas que agradecerles a cada uno por sus enseñanzas, sabiduría y ejemplo de lucha. Hoy, teniendo la oportunidad de liderar junto a amigos de todo el continente, la organización de ayuda voluntaria para Personas con Discapacidad mas grande del mundo, no puedo sino recordar aquella semilla que sembró mi madre en mi corazón y comprometerme a seguir luchando por hacer visible la vida y ejemplo de estas maravillosas personas y por ayudar, desde mi rinconcito, a construir sociedades mas conscientes e inclusivas. Tengo absolutamente claro en mi mente y en mi corazón que las Personas con Discapacidad no son merecedoras de la lástima de los que «supuestamente» no tenemos una discapacidad. Por el contrario, lo que las Personas con Discapacidad esperan de nosotros es el respeto irrestricto a sus derechos como seres humanos -íntegros y completos-. Digo a los que «supuestamente» no vivimos en situación de discapacidad porque a veces -mas de las que nos imaginamos- vivimos con la peor de las discapacidades: la discapacidad del corazón. Aquella que no nos permite ver mas allá de nuestros deseos y anhelos. Aquella que nos hace insensibles a las necesidades y derechos del otro. Aquella que, equivocadamente, me hace pensar que lo que pasa en mi país no es mi problema si es que no me afecta de forma directa. Aquella que nos embrutece y nos hace inmunes a las realidades sociales del lugar en donde vivimos. Aquella que nos dice que la inclusión es un «problema de los discapacitados» cuando en realidad la inclusión no es un problema de nadie sino una oportunidad de todos.

Hoy quiero celebrar la vida…la amistad…el cariño….el respeto…el esfuerzo y la lucha. Hoy quiero celebrar la vida de todas las Personas con Discapacidad del mundo y la enorme CAPACIDAD que demuestran, día a día, en su lucha por encontrar el espacio que merecen.

¡Fuerza amigos! ¡La verdad y el amor están de su lado!

Dis:Capacidad