Cuando el grado deja de medir el karate

En el karate con el que muchos crecimos, el Dan nunca fue un premio ni una medalla para colgarse en la pared. Tampoco fue un favor ni una forma de ordenar personas dentro de una estructura administrativa. El Dan era, y debería seguir siendo, una forma de reconocer el camino recorrido.

Los primeros grados hablan de entrenamiento y de técnica. El primer Dan marca el inicio real del camino; del segundo al tercero se reconoce al practicante que ya domina lo básico y empieza a entender el karate más allá del movimiento. En el cuarto y quinto Dan ya no se evalúa solo cómo se patea o cómo se pelea, sino el carácter, el criterio y la profundidad del karate de una persona. Ahí se reconoce al maestro.

Pero a partir de ahí, el sentido del Dan cambia.

En el karate tradicional, los Danes altos, no miden cuántas horas se entrena ni cuántas clases se dan. No dependen de tener una escuela, alumnos o estructura. Miden trayectoria, lealtad, coherencia y aporte al estilo a lo largo del tiempo. Reconocen a quienes estuvieron cuando era fácil y cuando fue difícil. A quienes cuidaron el camino sin necesidad de pedir nada a cambio.

Por eso, un Dan alto no debería ser una competencia ni una recompensa por conveniencia. Debería señalar a personas que se volvieron parte de la historia viva del estilo. Personas que sostienen la memoria, el respeto y el espíritu con el que todo comenzó. En ese sentido, un Dan alto funciona como un reconocimiento a quienes se han convertido, con los años, en pilares que ayudan a que el estilo no se pierda, se tuerza, ni se vacíe.

Con el tiempo, muchas escuelas fueron confundiendo enseñar con “merecer”. Como si el karate fuera una organización administrativa y no un arte marcial. Se empezó a asumir que quien tiene alumnos o quien sostiene la estructura administrativa y de negocio, automáticamente tiene derecho a crecer en grados. Y ahí es donde empiezan los problemas.

El problema no son los maestros más jóvenes, ni la gente dedicada de lleno a enseñar. Eso siempre ha sido necesario e importante. El problema aparece cuando los grados dejan de reflejar profundidad y pasan a responder a egos, celos o equilibrios de poder dentro de una estructura administrativa. Cuando el Dan se usa para ordenar personas y no para reconocer karate.

En ese contexto, hay figuras que incomodan. Personas que no dependen del sistema, que no compiten por alumnos ni por títulos. Personas que tal vez ya no entrenan como antes, pero que siguen ahí. Que acompañan, apoyan, cuidan la estructura y protegen el legado. Personas que recuerdan, con su sola presencia, cómo se suponía que funcionaba todo esto. Cuando era más sencillo, mejor.

Y eso molesta. Porque la memoria estorba cuando el presente se construye sobre concesiones y mediocridad. Porque no todo se puede medir en presencia diaria ni en grados colgados en la pared.

Los que siguen cerca lo hacen sin pedir nada. No reclaman Danes, no presionan, no exigen. Simplemente están. Porque así aprendieron. Aparecen cuando hay que aparecer. Apoyan cuando hay que apoyar. Respetan cuando otros ya se fueron, se pelearon o se olvidaron.

El verdadero riesgo para un estilo no es que algunos alumnos se vuelvan “inactivos” en el tatami. El riesgo es acostumbrarse a karate mediocre con grados altos. Es llamar lealtad a la conveniencia y llamar ausencia a quien sigue honrando el camino de otra forma.

El karate de verdad siempre supo distinguir entre entrenar y entender, entre estar y ser, entre grado y legado. Ojalá no se nos olvide que los Danes no existen para inflar egos, sino para cuidar la historia viva de un estilo.

Porque al final, los grados pasan.
Pero el carácter queda.
Y el verdadero karate siempre encuentra la forma de sostenerse.

Guatemala: Orgullo y Potencia Mundial en Karate Deportivo

Guatemala es un país que, históricamente, ha tenido un margen de mejora considerable en el ámbito deportivo. Estamos acostumbrados a centrar nuestras esperanzas en deportes populares como el fútbol, aunque, por diversas razones estructurales, nunca hemos logrado destacar de manera significativa. Al mismo tiempo, hemos sido testigos de «relajos» institucionales, como los ocurridos durante el último proceso olímpico con las autoridades de la CDAG y el COI, que nos han dejado sedientos de logros deportivos que tardan en llegar.

Sin embargo, a pesar de todos estos desafíos, algo extraordinario sucedió en las recientes olimpiadas: Guatemala logró su primera medalla de oro en la historia, un hito que llenó de orgullo a toda la nación. A esa medalla de oro se sumó una medalla de bronce, y junto con la medalla de plata obtenida en olimpiadas anteriores, nuestro país cuenta ahora con un total histórico de tres medallas olímpicas. Estos logros son el resultado del esfuerzo incansable de nuestros atletas y sus familias, quienes, con valentía y dedicación, han superado obstáculos inimaginables para poner el nombre de Guatemala en lo más alto.

Foto de Soy502

Pero hoy quiero hablarles de un deporte que, en silencio y con mucho esfuerzo, ha logrado posicionar a Guatemala como una potencia mundial: el karate deportivo, o Sport Karate.

Para entender dónde estamos hoy, debemos conocer de dónde venimos. En los años 80, varias escuelas de karate comenzaron a participar en torneos internacionales en Estados Unidos. Sin embargo, ninguna lo hizo con tanto ahínco, visión y éxito como la escuela de los Hermanos Schumann, liderada por el Gran Maestro Erick Schumann Ruiz. Este pionero no solo vio más allá de las fronteras de nuestro país, sino que sentó las bases para una destacada participación de muchas otras escuelas y competidores a lo largo de la historia deportiva de Guatemala.

Eventos como los Panamericanos de Miami, el Campeonato Internacional de Long Beach en California (donde participó el mismísimo Bruce Lee), y el US Open, entre otros, fueron los primeros escenarios donde nuestros atletas comenzaron a brillar. Estos torneos no solo posicionaron a Guatemala en el mapa del karate deportivo, sino que también abrieron el camino para la creación de circuitos como la National Blackbelt League (NBL) y los actuales líderes del karate deportivo internacional: WKC y WAKO.

Hoy, WAKO es la organización que lidera el esfuerzo mundial por convertir el Sport Karate en un deporte olímpico, con el apoyo del Comité Olímpico Internacional (COI) y diversas asociaciones nacionales, incluida la Confederación Deportiva Autónoma en Guatemala (CDAG). Gracias a estos esfuerzos, el karate deportivo ha encontrado su lugar en el panorama mundial, con disciplinas que abarcan desde katas tradicionales y creativas, hasta combate por puntos y combate continuo.

Recientemente, en el Campeonato Mundial Juvenil 2024 celebrado en Hungría, Guatemala impresionó al mundo al liderar el medallero de Latinoamérica y terminar en el sexto puesto en el ranking mundial. Estos resultados no son casualidad; son fruto de años de esfuerzo, disciplina y dedicación. Nuestros jóvenes atletas no solo compitieron, sino que lo hicieron con la pasión y el corazón que caracteriza a los guatemaltecos, dejando claro que Guatemala es, y ha sido durante años, una potencia en el mundo del Sport Karate.

Es importante destacar el apoyo económico de la CDAG, que por primera vez en la historia financió parcialmente a un grupo de jóvenes guatemaltecos para participar en este Campeonato Mundial Juvenil. Este respaldo es un claro indicativo de que, cuando se trabaja en conjunto, los sueños se pueden convertir en realidad.

No puedo dejar de mencionar al Gran Maestro Erick Schumann, un visionario cuya semilla sembrada hace décadas sigue dando frutos. Su dedicación y compromiso no solo abrieron el camino para generaciones de karatecas, sino que también inspiraron a muchas otras escuelas a seguir sus pasos. Hoy, en Guatemala, existen muchas escuelas que trabajan incansablemente por el desarrollo del deporte, formando no solo campeones, sino también ciudadanos de bien.

En este camino hacia la excelencia, debemos reconocer también a todos los competidores actuales (muchos de ellos campeones mundiales), a las grandes leyendas del pasado, y a los líderes de las organizaciones que siguen impulsando este deporte a nivel internacional. Una mención especial para mi amigo, el Lic. Andrés García, Presidente de WAKO en Guatemala y a toda su Junta Directiva, por ser pilares fundamentales en el esfuerzo por lograr el reconocimiento del COI y la CDAG al karate deportivo en Guatemala.

Es hora de que como país ampliemos nuestra visión más allá de los deportes «populares» y valoremos aquellos en los que los guatemaltecos pueden realmente sobresalir. El deporte es mucho más que competencia; es vida, es disciplina, es comunidad. Y en Guatemala, necesitamos más de todo esto.

El karate deportivo nos ha enseñado que, con esfuerzo y determinación, podemos alcanzar grandes alturas. Hoy, más que nunca, debemos reconocer y apoyar a nuestros atletas, quienes con sus triunfos nos llenan de orgullo y nos recuerdan que Guatemala tiene un lugar especial en el escenario deportivo mundial. Sigamos impulsando este deporte, porque en él reside una gran parte de nuestra identidad y de nuestro futuro.