Dar lo mejor

Como si nada, estamos cerrando el primer mes del año y como siempre, el tiempo camina indiferente a nuestras preferencias. Muchos de nosotros seguramente quisiéramos tener más tiempo para cumplir nuestras metas pero la realidad es la que hay y tenemos que trabajar con el tiempo que la vida nos regala.

En el contexto de nuestra sociedad, el tiempo avanza cada día más rápido y en el horizonte se deslumbra un proceso electoral que nos permitirá elegir a las autoridades que nos gobernarán a partir del 2016 por cuatro años. Siento como que hubiese sido ayer cuando escuchaba en radios y veía en televisión los spots promocionales del actual partido de gobierno y sin embargo, estamos ya a menos de un año de que termine el período para el que fueron electos. Ahora, esperemos que a partir de mayo cuando se abra oficial y legalmente la contienda electoral, se nos vendrá encima nuevamente un chaparrón de ofertas y de promesas que nos pintarán un futuro mejor para todos. Habrá ofertas de todo tipo: de seguridad, de salud, de programas sociales, de libre empresa, de populismo de hueso colorado, de cambio, de transformación, de educación, etc. Escoja usted la promesa que más le guste y agréguela al listado porque seguramente esa también la escucharemos. No me mal entienda, es bueno que haya oferta electoral y es bueno que cada uno de nosotros pueda, libre y democráticamente, elegir a la persona que nos genere mayor nivel de confianza para liderar los destinos del país. Tenemos la obligación y el deber cívico de dar nuestro voto.

Pero hoy quiero invitarlo a pensar en algo que es, a mi entender, un poco más importante que éstos procesos electorales de cada 4 años. Cada 4 años tenemos el deber cívico de dar nuestro voto pero todos los días tenemos el deber moral de dar algo más…dar lo mejor! Dar lo mejor de cada uno de nosotros en cada una de las áreas en donde nos desarrollamos y movemos. Porque déjeme contarle algo: no habrá un solo candidato dentro del «pequeño» listado que veremos en los próximos meses que pueda transformar nada en éste país sin la participación decidida y categórica de la mayoría de personas que conformamos ésta sociedad. Como decía Reagan: «El futuro del país no depende de lo que pasa en la Casa Blanca (Casa Presidencial en nuestro caso) sino de lo que pasa en SU casa». Porque de la casa de cada uno de nosotros es de dónde salimos todos a relacionarnos y desarrollarnos en ésta sociedad. Por lo mismo, es nuestro deber intentar dar lo mejor y ser la mejor versión de lo que cada uno de nosotros puede llegar a ser. No basta con culpar a nuestras autoridades porque las cosas no funcionan cuando somos nosotros partícipes de ese sistema colapsado del que tanto nos quejamos. ¿Como podemos criticar la corrupción cuando la salida fácil a una remisión es ofrecer una mordida? ¿Como podemos criticar el trabajo de la Muni cuando tiramos la basura en la calle sin dudarlo? ¿Como hablamos mal de los «Padres de la Patria» y los criticamos por no llegar a trabajar o hacerlo tarde cuando muchas veces, hacemos nosotros lo mismo? Somos rápidos para ver por la ventana pero lentos para hacerlo al espejo.

La sociedad es un subproducto de las comunidades, las comunidades un subproducto de las familias y las familias un subproducto de las personas que las componen. ¿Ve la importancia de que cada uno de nosotros, desde la responsabilidad personal nos decidamos a dar lo mejor? Somos parte de un todo y no estamos aislados de los demás. Al dar lo mejor, cada uno de nosotros está contribuyendo de forma directa a la construcción de la sociedad con la que todos soñamos. Dejemos a los políticos de lado, dejemos la crítica destructiva de lado, dejemos el conformismo de lado y decidamos cada uno de nosotros dar lo mejor que tenemos. ¡Dar lo mejor de cada uno de nosotros, todos los días! Porque déjeme decirle algo: cuando la cosa se pone difícil, cuando el camino se torna oscuro y las fuerzas se acaban, no queda otro camino que dar lo mejor e intentar salir adelante.

Una vez más, con el mayor sentido de admiración por el corazón tan grande de nuestra gente, les comparto la historia de una mamá que enfrentada a enormes desafíos, muchos de ellos capaces de doblar a la gran mayoría de personas que conozco, decide dar lo mejor todos los días. Dar lo mejor por amor y por responsabilidad personal. ¿Quien se apunta e iniciamos una nueva corriente, una nueva moda, en éste país? La moda de DAR LO MEJOR todos los días. ¡Feliz semana para todos!

El sueño guatemalteco

Así como escuchamos constantemente del «sueño americano», que se dice de esas historias de éxito de personas que con mucho esfuerzo y trabajo han logrado cambiar radicalmente la situación económica, social y educativa de sus familias en los Estados Unidos, me da la impresión que todos los días escuchamos y vemos más ejemplos de lo que, tristemente, muchas personas entienden hoy en día como el «sueño guatemalteco». Lejos han quedado aquellos tiempos en donde se conocía y se admiraba el trabajo y la trayectoria de las personas que con esfuerzo y sacrificio lograban mejorar la calidad de vida de sus seres queridos. En Guatemala hay miles de ejemplos perdidos de personas que, no teniendo nada, se convirtieron gracias a su trabajo honesto y dedicación, en referentes sociales y empresariales.

Hoy, la mayoría de nosotros vemos y escuchamos ejemplos de personas que, sin la trayectoria ni el carácter necesario, viven con lujos y excesos fuera de toda realidad y creemos entonces que la vida premia con dinero fácil a todo aquel que es lo suficientemente «chispudo» para conseguirlo. No importa si eso implica robar, vender productos ilegales, defraudar al fisco y/o estafar a otro no tan «chispudo» como yo, lo importante es el resultado y no el camino. Por otro lado, cada día con mayor frecuencia, vemos ejemplos de políticos que no teniendo nada al inicio de sus carreras políticas hoy son acaudalados terratenientes y millonarios de papel y creemos entonces que ese es el «sueño guatemalteco». Lo único que necesito es ser lo suficientemente «chispudo» como para abrirme el camino que me permita llegar a ser como uno de ellos.

No quiero generalizar porque entiendo que la política no hace al hombre sino el hombre a la política y considero que hay buenos hombres y mujeres ejerciendo esa importante profesión. Sin embargo, un poco porque muchos de nuestros «líderes» carecen del carácter y sustento moral como para admirarlos y un poco porque los medios de comunicación, dentro de su rol fiscalizador y comercial deben publicar aquellas noticias que generen más ruido, se nos ha olvidado que en el país todavía existen grandes ejemplos de lucha a los que podemos voltear a ver para encontrar el verdadero sentido del «sueño guatemalteco». Ciudadanos que constituyen la reserva moral de éste país. Grandes hombres y mujeres que, lejos de regalos y bolsitas, lo que desean es ser reconocidos como seres humanos y tener las oportunidades para, con el mismo esfuerzo y sacrificio con el que hoy enfrentan sus vidas, trabajar y producir para cambiar la realidad económica, social y educativa de sus familias.

Como sociedad, todos somos responsables de construir el ideario social que rige nuestras relaciones y hoy, luego de varios años de vida en democracia, el ideario social bajo el que vivimos premia el egoísmo, la desunión, el fraude, la trampa y muchas otras «cualidades» que nos convierten en lo que hoy somos como país. Debemos, urgentemente, voltear a ver a aquellos guatemaltecos verdaderamente extraordinarios que, con su esfuerzo de todos los días, nos pueden recordar lo que es ser un buen guatemalteco. Gente honrada y valiente que, a pesar de las desigualdades y errores del sistema, luchan día a día por salir adelante y dejarle una mejor calidad de vida a sus seres queridos. Es una pena que muchas veces es necesario que un guatemalteco tenga que salir del país, poner en práctica los valores de esfuerzo que aprendió en ésta tierra, crecer y desarrollarse en otro lugar con mejores oportunidades, ser «exitoso» y reconocido fuera para que entonces le pongamos atención.

Debemos aprender a ver a nuestra gente, a esos guatemaltecos que a pesar de vivir en situaciones de precariedad y de desigualdad, nos muestran el camino del verdadero «sueño guatemalteco». Un camino de bien, de esfuerzo, de dar, de lucha, de constancia y perseverancia, de honestidad, de amor por nuestro prójimo y por nuestro entorno, de agradecimiento y de superación.

Como ejemplo, les comparto la vida de una mamá que construye el futuro de los suyos con acciones de todos los días. ¡Que viva la gente buena de mi país! ¡Que viva el verdadero sueño de los guatemaltecos!